Hermana muerte (Death the Proud Brother, 1933) es la meditación urbana de Thomas Wolfe sobre la muerte anónima: una novela corta sin argumento convencional cuya materia son cuatro muertes presenciadas por el narrador en Nueva York, en momentos y barrios distintos, unidas solo por su condición de muertes de nadie —hombres sin nombre, caídos en público, rodeados de desconocidos— y por la conciencia que las registra. William Faulkner la contó entre los textos más hermosos y enigmáticos de su autor, y la pieza es, en efecto, el Wolfe más cercano al poema en prosa: un réquiem metropolitano.
Las cuatro muertes
El narrador —el joven provinciano de toda la obra wolfiana, devorador nocturno de la ciudad— evoca las cuatro escenas con la precisión alucinada de quien no ha podido olvidarlas. Un obrero aplastado por una viga en una obra; un hombre reventado contra el pavimento; un borracho de la calle helada; y, como pieza central y más extensa, la muerte silenciosa de un hombrecillo gris en un banco del metro, una noche cualquiera: el vagabundo mínimo que se apaga sin ruido mientras la ciudad pasa, y alrededor del cual se forma el pequeño teatro humano que Wolfe registra con oído perfecto —los policías rutinarios, los curiosos, el empleado del metro, las frases hechas ante el cadáver, la vuelta de todos a sus trenes—.
Entre escena y escena, la prosa se abre a los movimientos corales que son la firma del autor: la ciudad nocturna con sus ríos y sus puentes, los millones de dormidos, los trenes que cosen el continente, y las dos apóstrofes que estructuran la pieza: a la muerte, «hermano orgulloso» que iguala y ennoblece —la única aristocracia del anónimo es morir—, y a su pareja secreta, la soledad, hermana del que mira. La traducción española del título, cambiando el género, conserva el parentesco: la muerte como familiar cercano del solitario urbano.
Temas y sentido
Publicada en Scribner's Magazine (junio de 1933) y recogida en el volumen From Death to Morning (1935), la pieza es el tratamiento frontal del tema que ronda toda la obra de Wolfe: la multitud como océano de vidas sin crónica, y la literatura como el gesto de dar a una sola de esas vidas —o de esas muertes— la atención que el mundo le negó. La tesis está en el título: la muerte pública del anónimo, lejos de ser la más miserable, es la más solemne; el narrador la llama orgullosa porque obliga a la ciudad, siquiera un minuto, a detenerse y mirar.
Formalmente es el experimento más audaz del Wolfe breve: sin trama, sostenida solo por la alternancia de escena exacta y marea lírica, anticipa procedimientos del ensayo narrativo contemporáneo. La crítica wolfiana la sitúa entre sus textos mayores en formato corto, y su recuperación española (Periférica, 2014, traducción de Juan Cárdenas) la presentó exactamente así: el réquiem de Wolfe por los muertos sin nombre de la ciudad moderna, escrito por el escritor que más miedo tuvo —y más literatura hizo— de morir sin haber sido visto.