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Ínsula Singularia

Obra analizada

Los huevos fatales

Título original: Роковые яйца (Rokovye yaitsa)

de Mikhail Bulgákov

1925novela corta23.886 palabras analizadas

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Moscú, 1928: un futuro próximo apenas fantaseado desde 1924, cuando Bulgákov escribió la novela. El profesor Vladímir Ipátievich Pérsikov, zoólogo genial, misántropo y miope, director del Instituto Zoológico, descubre por azar en su microscopio un fenómeno inaudito: un «rayo rojo» —un haz luminoso producido por cierta combinación de lentes— que multiplica vertiginosamente la vida. Las amebas expuestas al rayo crecen, se reproducen con furia y devoran a sus vecinas: el rayo no solo acelera la vida, selecciona a los más feroces. Pérsikov, científico puro, quiere años de experimentos cautelosos. La época, naturalmente, no se los dará.

El argumento

La catástrofe llega por la vía más soviética posible: la combinación de una plaga, un plan y un error administrativo. Una peste aviar arrasa las gallinas de la república, y las alturas deciden aplicar de inmediato el descubrimiento de Pérsikov para regenerar la cabaña avícola. Un tal Rokk —antiguo flautista reconvertido en director de sovjoz, hombre de fe absoluta en los papeles oficiales— obtiene por decreto las cámaras del rayo, y con ellas los huevos que el extranjero envía. Pero los pedidos se cruzan: las cajas de huevos de gallina destinadas a Rokk llegan al laboratorio de Pérsikov, y las cajas del profesor —huevos de anaconda, cobra y avestruz, encargados para sus experimentos— llegan al sovjoz de Rokk, que los mete bajo el rayo sin mirar dos veces.

Lo que sale de los huevos es la segunda mitad del libro: serpientes y reptiles gigantescos, multiplicados por el rayo con su agresividad seleccionada, que devoran a la mujer de Rokk, arrasan la provincia de Smolensk y avanzan sobre Moscú en columnas que el Ejército Rojo, con gases y caballería, no consigue detener. La capital vive páginas de pánico apocalíptico narradas con la eficacia de crónica que Bulgákov dominaba —y con su ferocidad satírica: la prensa, los mítines, los aprovechados y la turba que, buscando culpables, asalta el instituto y lincha al inocente Pérsikov—. La salvación llega por donde nadie la planeó: una helada de agosto, dieciocho grados bajo cero caídos del cielo como un deus ex machina meteorológico, extermina a los reptiles ante los que la ciencia y el Estado habían fracasado. El rayo, con su inventor muerto, no puede reconstruirse.

Temas y sentido

Los huevos fatales es la primera gran sátira fantástica de Bulgákov y una fábula exacta sobre su época que ha ganado con el tiempo: el descubrimiento científico arrancado del laboratorio por la urgencia planificadora, el funcionario con papeles en regla como detonante del desastre, la prensa como coro de la catástrofe. La deuda con H. G. Wells es explícita —el libro cita El alimento de los dioses, cuya premisa invierte: allí el crecimiento produce gigantes humanos utópicos; aquí, serpientes—, pero el tono es inconfundiblemente bulgakoviano: farsa, terror y compasión por el sabio devorado por el siglo.

La crítica ha leído siempre la fábula en clave política —el rayo rojo que acelera la vida seleccionando a los más voraces es una imagen difícil de no aplicar a la revolución misma; los censores lo notaron—, y como profecía de los desastres de la planificación aplicada a la biología, decenios antes de Lysenko. Junto a Corazón de perro, escrita meses después, forma el díptico satírico-científico de su autor: el experimento soviético contado como experimento, literalmente, y salido igual de mal.

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