Ubú en bicicleta (Gallo Nero, 2012) es una antología española de los escritos velocipédicos de Alfred Jarry: las crónicas, especulaciones y páginas narrativas que el inventor de la patafísica dedicó a la bicicleta, la máquina de su vida. Porque antes de ser un mito literario, Jarry fue un ciclista obsesivo: su Clément Luxe 96 de carreras —comprada a crédito y nunca terminada de pagar; el fabricante reclamó la deuda a su sucesión— fue su vehículo cotidiano, su seña de identidad en el París literario y una extensión de su cuerpo tan célebre como sus pistolas. Contemporáneos como Rachilde dejaron el retrato del escritor pedaleando entre Corbeil y París con jersey de corredor, y la bicicleta pertenece a su leyenda tanto como el ajenjo o la voz metálica de Ubú.
Los textos
El volumen reúne piezas dispersas en la prensa de 1894 a 1907 —La Revue blanche, Le Canard sauvage, otras revistas— donde Jarry aplicó su método a la nueva religión de la velocidad. La pieza central es una de las prosas más famosas de toda su obra: «La Pasión considerada como carrera ciclista en cuesta», donde el Calvario se narra con el vocabulario exacto de la crónica deportiva —Jesús como corredor, la corona de espinas como neumático, las caídas como incidentes de carrera, el Gólgota como puerto de montaña— en una blasfemia tan perfecta que se ha convertido en pieza de antología universal del humor negro. Junto a ella, especulaciones sobre los diez mil kilómetros, sobre Ixión atado a su rueda como primer ciclista mítico, sobre los corredores borrachos, sobre la ventaja mecánica del cuadriciclo, y páginas narrativas conexas, como la carrera contra el expreso emparentada con el episodio central de El supermacho.
El procedimiento es siempre el mismo y es patafísica aplicada: tomar el discurso de la modernidad —el reglamento deportivo, la fisiología del esfuerzo, la publicidad de los fabricantes— y seguir su lógica con seriedad imperturbable hasta el punto en que revela su delirio. Jarry no se burla de la bicicleta: la toma más en serio que nadie, como «prolongación esquelética» del hombre, anticipando literalmente las prótesis conceptuales del siglo XX.
Temas y sentido
Leído como conjunto, el volumen es dos cosas. Primero, un documento espléndido de la fiebre ciclista de 1900: los años en que la bicicleta era la tecnología punta, el deporte de masas naciente —el Tour de France se funda en 1903— y el símbolo mismo de la modernidad, con su prensa, sus récords y sus mártires. Pocos testigos de esa fiebre tuvieron el talento de Jarry para verla como mitología en formación.
Segundo, una pieza del autorretrato de Jarry: el hombre-máquina, el cuerpo entrenado hasta la abstracción, la fusión de carne y mecanismo que obsesionó toda su obra y su vida. El título español acierta al unir las dos mitades del personaje: Ubú —la máscara que lo devoró— y la bicicleta —la máquina que lo llevaba—. Antología breve, lateral y luminosa: el mejor Jarry en dosis de crónica, y una de las puertas más amables para entrar en el escritor más raro de su siglo.