Costumbres de los ahogados es una antología en español de las «especulaciones» de Alfred Jarry: las crónicas breves que publicó entre 1901 y 1903, sobre todo en La Revue blanche, y que la posteridad recogió en el volumen póstumo La Chandelle verte (La vela verde). El texto que da título a la selección es ejemplar del género completo: partiendo de las estadísticas de ahogados del Sena y de los reglamentos sobre el rescate de cadáveres, Jarry describe a los ahogados como una especie zoológica aparte, con sus hábitos, su temporada y sus costumbres, en una taxonomía impecablemente razonada cuya lógica perfecta es exactamente lo que la vuelve atroz y cómica a la vez.
El género de la especulación
La especulación jarryana funciona siempre igual: se toma un hecho de actualidad —una noticia de sucesos, una nueva ley, un invento, una estadística municipal, una polémica periodística— y se lo comenta aplicando sus propias premisas con una seriedad absoluta y sin el freno del sentido común. El resultado es la patafísica en formato de columna de prensa: la «ciencia de las soluciones imaginarias» aplicada al periódico de la mañana. Si el Estado regula el rescate de ahogados pagando por cadáver, entonces el ahogado es un producto con su economía; si los ómnibus atropellan peatones con regularidad estadística, entonces el atropello es una institución con sus reglas; si los relojes públicos no coinciden, entonces la hora es una convención local como la moneda.
La antología recoge una treintena larga de estas piezas —el corpus completo de La Chandelle verte supera las doscientas—, que cubren el espectro de obsesiones de Jarry: la burocracia y sus taxonomías dementes, la religión tratada con literalidad demoledora, la ciencia popular, los transportes, el ejército, la pena de muerte, los deportes y los pequeños rituales de la vida burguesa francesa de 1900. Bajo su apariencia de humorismo de ocasión, las especulaciones son el laboratorio donde Jarry perfeccionó el procedimiento que heredarían las vanguardias: no burlarse del discurso oficial, sino obedecerlo hasta el colapso.
Temas y sentido
Estas crónicas son la aplicación más pura del método patafísico, más incluso que las novelas: sin trama ni personajes que administrar, queda solo la lógica trabajando en el vacío. La crítica ha visto en ellas el eslabón entre la sátira clásica (Swift y su «Modesta proposición» son el antecedente evidente) y el humor negro del siglo XX que Breton canonizó; también un anticipo del absurdo administrativo de Kafka —los ahogados clasificados por el reglamento no están lejos de los expedientes de El proceso— y de toda la tradición posterior de la falsa erudición, de Borges a los ejercicios del Colegio de Patafísica.
Para el lector actual, el volumen tiene además un interés inesperado: es una radiografía de la prensa y de la vida cotidiana francesa de 1900 vista por su lector más literal. Jarry no inventa casi nada: los materiales son reales, y el espanto cómico procede de que el mundo descrito —tarifas por cadáver, estadísticas de atropellos, reglamentos sobre todo— existió. La especulación demuestra así su tesis secreta: no hace falta exagerar la realidad administrada; basta con tomarla en serio.