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Ínsula Singularia

Obra analizada

Machirulo (El supermacho)

Título original: Le Surmâle

de Alfred Jarry

1902novela28.310 palabras analizadas

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«El amor es un acto sin importancia, puesto que se puede repetir indefinidamente». Con esa provocación de sobremesa, lanzada por su protagonista ante un salón de científicos, químicos y damas escandalizadas, arranca Le Surmâle (1902), la última novela que Alfred Jarry publicó en vida, traducida al español tradicionalmente como El supermacho y, en edición reciente, como Machirulo. Es la culminación narrativa del inventor de la patafísica: una «novela moderna», como la subtituló su autor, que lleva la lógica del progreso científico y deportivo de su época hasta el absurdo exacto donde revela su monstruosidad.

El argumento

André Marcueil, aristócrata discreto de fuerza sobrehumana cuidadosamente disimulada, decide demostrar su tesis: que el hombre es una máquina cuyas capacidades —también las eróticas— no tienen límite teórico. La novela, ambientada en un futuro cercano (1920) de tecnología triunfante, despliega la demostración en dos episodios legendarios de la literatura del absurdo.

El primero es la carrera de las diez mil millas: una competición entre un tren expreso y un quintuplete de ciclistas alimentados con «perpetual motion food», el alimento de movimiento perpetuo inventado por el químico americano William Elson. La crónica de la carrera —narrada por uno de los corredores, que pedalea junto al cadáver de un compañero muerto de esfuerzo que sigue pedaleando por reflejo, mientras una figura misteriosa en bicicleta los adelanta a todos— es una de las páginas más célebres de Jarry: el deporte, la química y la máquina fundidos en una alucinación de récords.

El segundo es la hazaña que da título al libro: Marcueil, decidido a batir la marca del «indio» citado por Teofrasto —setenta veces en un día—, la pulveriza con la hija de Elson, Ellen, en una jornada contabilizada con frialdad notarial por los científicos que asisten al experimento. Pero el supermacho comete el error fatal de su programa: se enamora. Ante una máquina construida para inspirar amor al hombre —la «máquina de inspirar amor», delirante invento final—, la relación entre el hombre-máquina y la máquina se invierte: el artefacto se enamora del supermacho, y el abrazo eléctrico de once mil voltios funde a Marcueil en una de las muertes más extrañas de la literatura. Ellen, superviviente, se casará con un hombre corriente.

Temas y sentido

Machirulo es la sátira patafísica del cientificismo de 1900: el culto al récord, la fe positivista en el progreso ilimitado, el cuerpo como motor y el amor como rendimiento medible. Jarry, ciclista fanático él mismo, toma los materiales de su tiempo —el Tour de France nacería un año después, los hermanos Wright volarían al siguiente— y los estira hasta que la épica deportiva y la pornografía científica se vuelven indistinguibles de la parodia. La novela anticipa así un siglo de ansiedades: el dopaje, la optimización del cuerpo, la máquina que aprende a desear.

Bajo la carcajada, el libro es también el testamento íntimo de su autor: el superhombre que muere por haber sentido, la máquina humana fundida por el amor. Jarry, que moriría cinco años después, alcohólico y miserable, a los treinta y cuatro años, dejó en Marcueil su autorretrato más secreto: el hombre que quiso vivir como una máquina de proezas y descubrió, demasiado tarde y con corriente de alto voltaje, que no lo era.

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