Rudyard Kipling (1865-1936) fue un escritor británico nacido en la India, autor de El libro de la selva y Kim, maestro del relato corto y primer autor de lengua inglesa en recibir el Premio Nobel de Literatura (1907). Nació el 30 de diciembre de 1865 en Bombay, hijo de un profesor de arte de la escuela local. A los cinco años fue enviado a Inglaterra, donde pasó una infancia desdichada en una casa de acogida de Southsea que retrató en el relato «Baa Baa, Black Sheep»; a los dieciséis regresó a la India como periodista en Lahore, y de aquellas redacciones salieron los relatos y versos que lo hicieron famoso antes de los veinticinco años: Cuentos de las colinas (1888) y las Baladas del cuartel (1892), que dieron voz —cockney incluido— al soldado raso del imperio.
Instalado un tiempo en Vermont tras casarse con la estadounidense Carrie Balestier, escribió allí sus libros más queridos: El libro de la selva (1894) y El segundo libro de la selva (1895), las fábulas de Mowgli criado por lobos que fundieron el cuento animal con el mito; Capitanes intrépidos (1897); y buena parte de Kim (1901), su obra maestra novelística, el retrato más vivo que existe de la India colonial a través del huérfano espía y el lama tibetano que recorren juntos el Grand Trunk Road. Completan su cima Precisamente así (1902), los Cuentos de Puck (1906) y decenas de relatos para adultos —«El hombre que pudo ser rey», «Mrs. Bathurst», «La marca de la bestia»— que lo consagran, con Chéjov y Maupassant, entre los mayores cuentistas del XIX y XX.
Fue el poeta no oficial del Imperio británico —«If—», votado repetidamente como poema favorito de los británicos, y «The White Man's Burden» son sus dos caras—, y esa identificación marcó su fortuna crítica: adorado por el gran público, recibió el Nobel en 1907 y rechazó el título de sir y el puesto de poeta laureado; el antiimperialismo del siglo XX lo convirtió después en el gran apestado del canon, hasta que críticos como Edmund Wilson y escritores como Borges —que lo consideraba superior a casi todos sus contemporáneos— reivindicaron la complejidad de su arte. La muerte de su hijo John en la batalla de Loos (1915), que él mismo había ayudado a alistar, ensombreció su obra final. Murió en Londres el 18 de enero de 1936; sus cenizas reposan en el Rincón de los Poetas de la abadía de Westminster.