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Ínsula Singularia

Obra analizada

Las aventuras de Huckleberry Finn

Título original: Adventures of Huckleberry Finn

de Mark Twain

1884novela114.790 palabras analizadas

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«No sabréis quién soy si no habéis leído un libro titulado Las aventuras de Tom Sawyer, pero no importa». Así se presenta Huck Finn, trece años, hijo del borracho del pueblo, hablando directamente al lector en su propio inglés del Misuri rural: la primera gran novela americana narrada de arriba abajo en lengua hablada. Huck vive ahora adoptado por la viuda Douglas, que intenta «civilizarlo» —zapatos, oraciones, modales—, con el dinero del tesoro de la aventura anterior en el banco. La civilización dura poco: su padre, Pap Finn, reaparece para reclamar al hijo y al dinero, lo secuestra y lo encierra en una cabaña junto al río. Huck escenifica su propio asesinato —cerdo degollado incluido— y desaparece.

El argumento

En la isla de Jackson, Huck encuentra a Jim, el esclavo de la señorita Watson, huido al enterarse de que iba a ser vendido río abajo, lejos de su mujer y sus hijos. Juntos emprenden el viaje que es el corazón del libro: la balsa por el Misisipi de noche, escondidos de día, buscando la libertad de Jim en los estados del norte. El río es el paraíso del libro —las páginas de la balsa, el amanecer sobre el agua, la conversación de los dos fugitivos, son de las más celebradas de la literatura americana— y cada orilla, el infierno: la niebla les hace pasar de largo el desvío hacia la libertad, y las escalas van componiendo el retrato feroz del Sur: la disputa de sangre entre los Grangerford y los Shepherdson —niños muriendo por un odio que nadie recuerda—, el linchamiento frustrado del coronel Sherburn, y la llegada a la balsa de los dos parásitos geniales del libro, el «duque» y el «rey», timadores que esquilman pueblos con teatro apócrifo y funerales fingidos hasta que venden a Jim por cuarenta dólares.

Ahí llega la escena capital de la novela y una de las cimas morales de la ficción: Huck, educado para creer que ayudar a un esclavo fugado es pecado y delito, escribe la carta que devolvería a Jim a su dueña. Y la rompe: «Está bien, entonces: iré al infierno». La conciencia deformada por la sociedad pierde contra lo aprendido en la balsa: que Jim es un hombre, y el mejor que conoce.

El final devuelve el libro a la comedia: en la granja de los Phelps, con la reaparición de Tom Sawyer y su rescate «por las reglas» de los libros de aventuras —absurdo y cruel, porque Tom sabe lo que calla: Jim ya es legalmente libre, manumitido por su dueña muerta—. Huck, con Pap muerto y la civilización acechando de nuevo en forma de tía adoptiva, cierra con la fuga perpetua del héroe americano: «tengo que largarme hacia el Territorio».

Temas y sentido

Publicada en 1884-1885, la novela es la fundación de la literatura americana moderna por la vía del oído: la voz de Huck, vernácula, cómica y sin saberse profunda, hizo posible todo lo que vino después —el dictamen de Hemingway es canónico—. Su materia es la más grave del país: la esclavitud y la conciencia, tratadas con la única arma que no sermonea, la ironía de un narrador que cree estar pecando cuando hace el bien. El uso del lenguaje racial de su época y el final burlesco alimentan desde hace un siglo el debate escolar y crítico: señal de que el libro sigue vivo exactamente donde duele.

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