Lewis Carroll (1832-1898) fue un escritor, matemático y fotógrafo inglés, autor de Alicia en el país de las maravillas, una de las obras más influyentes y citadas de la literatura universal. Charles Lutwidge Dodgson —Lewis Carroll fue su seudónimo literario— nació el 27 de enero de 1832 en Daresbury (Cheshire), tercero de los once hijos de un clérigo anglicano. Estudió en Rugby y en Christ Church, el colegio de la Universidad de Oxford del que ya no se marcharía: allí fue profesor de matemáticas durante décadas, se ordenó diácono y llevó una vida exterior de una regularidad casi cómica en contraste con la anarquía de su imaginación.
El 4 de julio de 1862, durante un paseo en barca por el Támesis con las tres hijas del deán Liddell, improvisó para la mediana, Alice, el cuento que ella le pidió poner por escrito. Publicado en 1865 con ilustraciones de John Tenniel, Alicia en el país de las maravillas rompió con toda la tradición moralizante de la literatura infantil: por primera vez un libro para niños no quería enseñar nada, solo jugar. Su continuación, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871), llevó aún más lejos la lógica del disparate, con piezas como el poema «Jabberwocky», cumbre del nonsense. Completan su obra literaria La caza del Snark (1876) y la novela en dos partes Silvia y Bruno (1889-1893), además de una abundante producción matemática firmada con su nombre real, dedicada a la lógica y la geometría.
La singularidad de Carroll está en haber puesto una mente de lógico al servicio del absurdo: juegos de lenguaje, paradojas, ajedrez y naipes vivientes, inversiones del tiempo y del espacio que fascinaron por igual a los niños victorianos y, después, a lingüistas, filósofos y matemáticos. Fue también uno de los mejores fotógrafos aficionados de su época, especializado en retratos infantiles —faceta que ha alimentado debates biográficos modernos sobre su relación con las niñas, sin evidencia concluyente—.
Murió el 14 de enero de 1898 en Guildford. Su influencia atraviesa el siglo XX entero: los surrealistas lo reivindicaron como precursor, James Joyce y Borges lo leyeron con devoción, y «caer por la madriguera del conejo» o «al otro lado del espejo» son hoy metáforas universales. Las Alicias, traducidas a más de cien lenguas, no han dejado de reimprimirse desde 1865.