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Ínsula Singularia

Obra analizada

Veinte mil leguas de viaje submarino

Título original: Vingt mille lieues sous les mers

de Jules Verne

1870novela de aventuras108.418 palabras analizadas

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En 1866, los mares del mundo se llenan de avistamientos de un «monstruo» fusiforme, fosforescente y más rápido que cualquier barco. Tras el ataque a varios buques, Estados Unidos envía a la fragata Abraham Lincoln a darle caza, con tres invitados a bordo que serán los protagonistas: el profesor Pierre Aronnax, naturalista francés del Museo de París y narrador del libro; su criado Consejo, flemático y clasificador compulsivo de especies; y Ned Land, arponero canadiense de sangre caliente. El monstruo los encuentra a ellos: tras el choque, los tres caen al mar y van a dar sobre el lomo de la criatura, que resulta ser de acero. Es el Nautilus, un submarino prodigioso e ignoto, y su dueño, el hombre que ha roto con la humanidad: el capitán Nemo.

El argumento

Nemo impone su ley: los náufragos vivirán a bordo con toda libertad, pero no saldrán jamás, porque el secreto del Nautilus no puede volver a tierra. Sobre esa cárcel maravillosa Verne despliega el viaje: veinte mil leguas —unos ochenta mil kilómetros— por todos los mares del planeta, en el tour de force enciclopédico y visionario que hizo época. Las estaciones del itinerario son las estampas inmortales del libro: la caza en los bosques submarinos de la isla Crespo, con las escafandras autónomas que Verne extrapola; el estrecho de Torres y el ataque de los papúes; el cementerio de coral donde la tripulación entierra a un compañero; la pesquería de perlas de Ceilán, con Nemo salvando al buceador pobre; el túnel bajo el istmo de Suez —el «Canal Árabe» secreto—; la Atlántida contemplada a la luz de un volcán submarino; la banquisa antártica y el hielo que casi entierra vivo al Nautilus en el polo Sur; y el combate contra los pulpos gigantes, que cuesta la vida a un marinero.

Sobre el catálogo de maravillas corre el enigma humano: ¿quién es Nemo? Sabio absoluto, mecenas de los oprimidos de la tierra —los pescadores, los rebeldes—, organista melancólico y, finalmente, vengador: el episodio culminante muestra al Nautilus embistiendo y hundiendo un buque de guerra de la nación innombrada que, se entrevé, destruyó a su familia y a su patria. Aronnax, dividido entre la fascinación científica y el horror moral, asiste al derrumbe interior del capitán. La fuga final de los tres huéspedes coincide con el Maelström noruego: el Nautilus desaparece en el remolino, y el narrador cierra sin saber si Nemo vive, con la pregunta del Eclesiastés: «¿Quién ha sondeado jamás las profundidades del abismo?».

Temas y sentido

Publicada por entregas entre 1869 y 1870, la novela es la cumbre de Verne: la máquina más profética de su catálogo —el submarino eléctrico autónomo, décadas antes de existir— al servicio de su personaje más profundo. Nemo, «nadie» en latín, es el genio romántico en guerra con el imperio: la ciencia como libertad y como venganza, ambigüedad que da al libro su vibración moderna. La ballena de Melville mira desde fuera del barco; el monstruo de Verne se pilota por dentro, y en su salón de biblioteca, órgano y ventana al abismo cabe todo el siglo XIX: su fe en la técnica y su mala conciencia colonial. La ciencia ficción entera desciende de este casco de acero.

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