Lord Jim se publicó por entregas en Blackwood's Magazine entre 1899 y 1900 —Conrad la escribía en paralelo a El corazón de las tinieblas, con el mismo narrador— y en libro en octubre de 1900. Lo que había empezado como un relato breve sobre un episodio real, el escándalo del vapor Jeddah (1880), cuyo capitán y oficiales abandonaron a novecientos peregrinos con el barco todavía a flote, creció hasta convertirse en su primera gran novela.
Jim es un joven oficial de la marina mercante inglesa, hijo de un párroco, alimentado de literatura de aventuras y seguro de su heroísmo futuro. La prueba llega en el Patna, un vapor decrépito que transporta ochocientos peregrinos musulmanes: una colisión nocturna abre el casco, los oficiales blancos deciden que el hundimiento es cuestión de minutos y huyen en un bote; Jim, que se desprecia por anticipado, salta con ellos. Pero el Patna no se hunde: es remolcado a puerto con todos sus pasajeros vivos, y Jim, único que no se escabulle, afronta solo el tribunal marítimo que lo despoja de su certificado. En la sala está Marlow, que se convierte en su interlocutor, valedor y narrador: la mayor parte de la novela es su relato oral —con saltos temporales, testimonios cruzados y juicios en suspenso— del esfuerzo de Jim por escapar de su acto. Porque el pasado lo persigue de puerto en puerto: en cuanto alguien menciona el Patna, Jim deja el empleo y huye más al este. La solución la ofrece el comerciante Stein, coleccionista de mariposas y una de las figuras más memorables de Conrad, con su diagnóstico célebre —Jim es un romántico, y al romántico solo lo cura «sumergirse en el elemento destructor»—: lo envía como agente a Patusán, un rincón perdido de Malasia fuera del alcance del telégrafo. Allí Jim conquista lo que soñaba: derrota al bandido local, gana la confianza del jefe Doramin y el amor de Jewel, y el pueblo lo llama Tuan Jim, «Lord Jim». La redención dura hasta que llega el «caballero» Brown, un pirata acorralado que, con instinto de chantajista moral, apela a la culpa secreta de Jim; este le concede la retirada, Brown asesina a traición al hijo de Doramin, y Jim, fiel por fin a su código, va sereno al encuentro del padre, que lo mata de un disparo.
La novela es el gran estudio moderno del honor perdido: un solo instante de cobardía medido contra toda una vida de expiación, contado con una técnica —cronología rota, narrador que duda, verdad ensamblada con fragmentos— que fundó la novela moderna. «Era uno de los nuestros», repite Marlow, y en esa fórmula cabe todo el problema del libro: si el salto de Jim es la excepción de un hombre o la verdad de todos.