Jane Eyre (1847) narra en primera persona la vida de una huérfana pobre que conquista, contra todas las convenciones de su época, la independencia moral y económica. La novela se publicó en Londres en octubre de 1847 con el subtítulo An Autobiography y bajo el seudónimo masculino de Currer Bell, porque Charlotte Brontë sabía que una novela tan apasionada firmada por una mujer sería recibida con prejuicio.
La historia se organiza en cinco etapas ligadas a cinco lugares. En Gateshead, la niña Jane sufre la crueldad de su tía Reed y de sus primos; su rebelión —el estallido contra John Reed y el encierro en el «cuarto rojo»— abre la novela con una escena de furia infantil inédita en la ficción victoriana. En el internado de Lowood, institución benéfica de disciplina brutal inspirada en la escuela de Cowan Bridge donde murieron dos hermanas de la autora, Jane encuentra a su primera amiga, Helen Burns, que muere de tisis, y a una maestra que le da afecto y educación. Ya adulta, entra como institutriz en Thornfield Hall para educar a la pupila del señor Rochester, un hombre atormentado con el que establece una relación de igualdad intelectual que desemboca en amor. La boda se interrumpe en el altar: Rochester ya está casado con Bertha Mason, una criolla enloquecida a la que mantiene encerrada en el desván. Jane, que no acepta ser amante de nadie, huye sin dinero por los páramos. Acogida por los hermanos Rivers en Moor House, descubre que son sus primos, hereda una fortuna de un tío desconocido y rechaza la propuesta matrimonial del pastor St. John Rivers, que la quiere como colaboradora misionera, no como esposa amada. Una llamada casi sobrenatural la devuelve a Thornfield: la mansión ha ardido, Bertha ha muerto y Rochester ha quedado ciego y mutilado. La novela culmina con una de las frases más célebres de la literatura inglesa —«Reader, I married him»—: Jane se casa con Rochester ya como igual, rica, libre y por elección propia.
Cada etapa añade una capa al retrato de la protagonista. En Thornfield, los meses de conversación nocturna con Rochester —un diálogo de ingenio e igualdad sin precedentes entre un caballero y una asalariada— van acompañados de señales inquietantes que Jane no sabe interpretar: risas dementes en el tercer piso, un incendio nocturno en la alcoba de Rochester, el ataque al visitante Mason, el velo de novia rasgado por una figura espectral. Brontë administra el misterio de Bertha con una precisión que Wilkie Collins y la novela de sensación imitarían una década después. En Moor House, el contrapunto es ideológico: St. John Rivers, hermoso y helado como el mármol, representa el deber sin amor, la vocación convertida en tiranía; su propuesta de matrimonio misionero es la última y más sutil tentación que Jane debe rechazar para no anularse.
El argumento combina la novela de formación con elementos góticos —presagios, la loca en el desván, la mansión incendiada— al servicio de un tema central: la exigencia de dignidad de una mujer sin belleza, dinero ni familia. El apasionado alegato de Jane («las mujeres sienten igual que los hombres») y su negativa a sacrificar su conciencia por amor o por religión dan a la novela su fuerza duradera. Brontë escribió el libro en menos de un año, mientras cuidaba de su padre convaleciente, y la editorial Smith, Elder lo aceptó con entusiasmo inmediato: se publicó apenas seis semanas después de recibido el manuscrito.