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Ínsula Singularia

Obra analizada

Cuento de Navidad

Título original: A Christmas Carol

de Charles Dickens

1843novela corta31.882 palabras analizadas

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«Marley estaba muerto; eso para empezar». Con esa certeza notarial abre Dickens su fábula inmortal, publicada en diciembre de 1843 con el título completo de A Christmas Carol in Prose. Being a Ghost Story of Christmas: un villancico en prosa que es también un cuento de fantasmas, dividido no en capítulos sino en «estrofas». El protagonista necesita poca presentación porque su nombre se ha vuelto sustantivo común en varias lenguas: Ebenezer Scrooge, prestamista, «un viejo pecador agarrado, avaro, que exprimía, retorcía y arañaba»; el frío que lleva dentro le hiela la oficina en pleno julio, y la Navidad le parece exactamente lo que responde a su sobrino: «¡paparruchas!» («Humbug!»).

El argumento

La Nochebuena de Scrooge se organiza como un mecanismo de redención en cuatro visitas. La primera es el fantasma de Jacob Marley, su socio muerto siete años atrás, que arrastra la cadena que forjó en vida —eslabón a eslabón, negocio a negocio— y viene a ofrecerle la única escapatoria: tres espíritus lo visitarán.

El Espíritu de las Navidades Pasadas, luz que brota de su propia cabeza, lo devuelve a su infancia abandonada en el internado, a la alegría del baile del señor Fezziwig —su primer patrón, prueba de que un jefe puede fabricar felicidad— y a la escena que Scrooge no soporta ver: la novia que lo liberó del compromiso porque un «ídolo de oro» la había sustituido. El Espíritu de las Navidades Presentes, gigante jovial sobre un trono de comida, lo pasea por la Nochebuena de los que no tienen nada y celebran igual: la casa de su empleado Bob Cratchit, con el pavo mínimo, el brindis forzado a la salud del patrón y el pequeño Tim, el hijo cojo cuya silla, advierte el espíritu, estará vacía si nada cambia; bajo el manto del gigante, dos niños espantosos, Ignorancia y Miseria, devuelven a Scrooge sus propias palabras sobre las cárceles y los asilos. El tercer espíritu, mudo y encapuchado como la muerte, muestra el futuro: un hombre muerto al que roban hasta las cortinas de la cama, deudores que respiran aliviados, una ciudad que solo comenta el entierro por si hay almuerzo; y cuando Scrooge exige saber quién es el muerto, la lápida responde: Ebenezer Scrooge.

La cuarta estrofa es la resurrección: Scrooge despierta el día de Navidad «ligero como una pluma, feliz como un ángel, alegre como un colegial», compra el pavo gigante para los Cratchit, se presenta en casa del sobrino, sube el sueldo a Bob y se convierte «en tan buen amigo, tan buen patrón y tan buen hombre como el que más». Y para el pequeño Tim, que no murió, fue un segundo padre.

Temas y sentido

Escrita en seis semanas de furia creativa, la fábula es la síntesis perfecta del Dickens social: la avaricia como cadena que uno mismo se forja, la Navidad como tregua moral del capitalismo victoriano y la infancia pobre —Ignorancia y Miseria— como acusación. Su arquitectura de conversión en una noche, con los tres tiempos del alma, es una de las estructuras narrativas más imitadas que existen: cada Navidad la reescriben el cine, el teatro y la televisión. Pocas obras han hecho tanto con tan pocas páginas: inventar el espíritu de una fiesta.

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