Un joven gascón pobre, montado en un jamelgo amarillo del que todo el mundo se ríe, llega a París en 1625 con una carta de recomendación, una espada y un temperamento que se ofende a la velocidad del rayo. Es d'Artagnan, y su primer día en la capital es una obra maestra de comedia: en pocas horas consigue concertar tres duelos consecutivos con tres mosqueteros del rey —Athos, Porthos y Aramis—, que resultan ser amigos entre sí. Cuando los guardias del cardenal interrumpen el primer duelo, el gascón elige bando sin pensarlo, pelea junto a sus tres adversarios y sale de la refriega con lo que buscaba desde Gascuña: hermanos. «Todos para uno y uno para todos».
El argumento
Dumas monta sobre la historia real —el asedio de La Rochelle, la guerra sorda entre Luis XIII y Richelieu, los amores de la reina Ana de Austria con el duque de Buckingham— la aventura perfecta. La primera gran maquinaria es el asunto de los herretes de diamantes: la reina ha regalado a Buckingham las joyas que el rey le exige lucir en un baile; Richelieu, que lo sabe, ha tendido la trampa, y d'Artagnan y los tres mosqueteros cabalgan a Londres contra el reloj y contra los agentes del cardenal, dejando compañeros heridos en cada posta. El gascón llega, los herretes se salvan, la reina baila y el cardenal encaja —con la elegancia venenosa que hace de él uno de los grandes antagonistas de la literatura— su primera derrota.
La segunda mitad oscurece el juego con el personaje que se roba el libro: Milady de Winter, la agente del cardenal, bella, brillante y letal, marcada en el hombro con la flor de lis de los criminales. Su duelo con d'Artagnan —seducción, engaño mutuo, sentencias de muerte— y la revelación de su pasado (es la esposa criminal que Athos, entonces conde de La Fère, creyó haber ejecutado años atrás: la herida que explica al más sombrío de los mosqueteros) llevan la novela del juego a la tragedia. Milady, encarcelada en Inglaterra, seduce a su carcelero puritano y consigue el asesinato de Buckingham; de vuelta en Francia, envenena a Constance Bonacieux, el amor de d'Artagnan, en el convento donde se creía a salvo. La respuesta es la escena más severa del libro: los cuatro amigos, con el verdugo de Lille, juzgan a Milady de noche, a la orilla del río, y la ejecutan.
El cierre es un apretón de manos con el diablo: Richelieu, que sabe reconocer el talento, entrega a d'Artagnan el despacho de teniente de mosqueteros. Los amigos se dispersan —la vida, como siempre en Dumas, sigue en las secuelas: Veinte años después y El vizconde de Bragelonne—.
Temas y sentido
Publicada por entregas en 1844, es la novela de aventuras por antonomasia: la amistad como religión laica, el honor como reflejo, la Historia como patio de recreo. Su milagro es el equilibrio: comedia y tragedia, capa y espada y política real, cuatro caracteres tan nítidos que se volvieron tipología universal —el melancólico, el vanidoso, el ambiguo, el impulsivo—. Dumas inventó aquí el grupo de héroes complementarios que toda la ficción de equipo, del western a los superhéroes, sigue replicando.