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Ínsula Singularia

Obra analizada

Los miserables

Título original: Les Misérables

de Victor Hugo

1862novela551.612 palabras analizadas

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Resumen de la obra

Jean Valjean, un campesino condenado a galeras por robar un pan para alimentar a los hijos de su hermana, sale en libertad tras diecinueve años de presidio convertido en un hombre endurecido y marcado: su pasaporte amarillo de expresidiario le cierra todas las puertas. Solo el obispo de Digne, monseñor Myriel, lo acoge; y cuando Valjean le roba la plata y es detenido, el obispo declara que se la había regalado y añade los candelabros: «Os compro el alma». Ese acto de misericordia inaugura la novela y la conversión de su protagonista, que dedicará el resto de su vida a ser un hombre justo bajo identidades falsas, perseguido sin descanso por la ley.

El argumento

La ley tiene un rostro: el inspector Javert, funcionario incorruptible para quien un condenado no puede redimirse jamás. La cacería entre ambos vertebra la novela a lo largo de décadas. Valjean, convertido en el próspero señor Madeleine, alcalde y benefactor de una ciudad del norte, se delata para salvar a un inocente confundido con él. Antes ha contraído su segunda deuda moral: Fantine, obrera despedida de su fábrica, obligada a vender su pelo, sus dientes y su cuerpo para pagar la pensión de su hija ilegítima, muere bajo su protección arrancándole la promesa de rescatar a la niña. Valjean saca a la pequeña Cosette de las garras de los Thénardier, los posaderos que la explotan —matrimonio de villanos memorables, mezcla de comedia y pura rapiña—, y huye con ella a París, donde se ocultan en un convento.

Años después, Cosette adolescente y el estudiante Marius Pontmercy se enamoran. Alrededor de ellos, Hugo despliega el fresco del París de 1832: la miseria de los barrios, el hampa, los idealistas de la sociedad secreta Amigos del ABC encabezados por Enjolras, el pilluelo Gavroche —encarnación del gamin parisino— y Éponine, la hija de los Thénardier que ama a Marius sin esperanza. La insurrección republicana de junio de 1832 reúne a todos en la barricada de la calle de la Chanvrerie. Allí mueren Gavroche y Éponine; allí Valjean, que ha acudido a proteger a Marius, tiene a Javert a su merced y le perdona la vida. Cuando la barricada cae, Valjean carga con Marius malherido a través de las cloacas de París, en uno de los episodios más célebres de la literatura del XIX. Javert, incapaz de conciliar la ley con la deuda contraída con el hombre al que persigue, se arroja al Sena.

El final es un lento sacrificio: casada Cosette con Marius, Valjean revela su pasado, se aparta para no manchar la felicidad de los jóvenes y se deja morir. El malentendido se deshace a tiempo para un desenlace de perdón: muere acompañado por los dos, a la luz de los candelabros del obispo.

Temas y sentido

Hugo definió su propósito en el prefacio: mientras exista «la degradación del hombre por el proletariado, la caída de la mujer por el hambre y la atrofia del niño por la noche», libros como este no serán inútiles. Los miserables es a la vez novela de redención cristiana, alegato contra el sistema penal y la pena de muerte, epopeya del pueblo y enciclopedia digresiva —Waterloo, los conventos, el argot, las cloacas— donde la historia de unos pocos personajes se expande hasta abarcar medio siglo de Francia. Su tesis atraviesa siglo y medio intacta: la miseria es una fabricación social, y la conciencia individual puede más que la ley.

Recepción y repercusión

Pocas novelas han nacido con semejante aparato de lanzamiento. Hugo, exiliado en Guernesey por su oposición a Napoleón III, vendió los derechos al editor belga Albert Lacroix por una suma sin precedentes, y la publicación se orquestó en 1862 como un acontecimiento internacional: aparición simultánea por entregas en París, Bruselas y otras capitales, publicidad masiva y traducciones inmediatas. El éxito popular fue fulminante: las primeras tiradas se agotaron en días, los obreros parisinos hacían colectas para comprar ejemplares compartidos y los personajes —Valjean, Cosette, Gavroche— entraron en el vocabulario común. De esa expectación queda la anécdota más famosa de la historia editorial: el telegrama que Hugo habría enviado a su editor preguntando por las ventas, «?», respondido con «!».

La crítica en contra, el público a favor

El contraste con la recepción crítica fue notable. Buena parte de la élite literaria francesa recibió el libro con frialdad o abierta hostilidad. Flaubert le negó «verdad y grandeza», irritado por lo que veía como personajes de una pieza y sermón democrático; Baudelaire, que publicó una reseña elogiosa por compromiso, lo despachó en privado como un libro «inmundo e inepto»; los hermanos Goncourt lo encontraron artificioso. La prensa conservadora y católica lo atacó como obra peligrosa y socializante, y el Vaticano llegó a incluirlo en el Índice de libros prohibidos. Nada de ello frenó su difusión: la novela fue devorada en toda Europa y América —incluso por los soldados de la guerra de Secesión estadounidense— y se convirtió en una de las obras más leídas del siglo.

Revalorización y legado

La posteridad falló a favor del público. Con el regreso triunfal de Hugo a Francia en 1870 y su funeral de Estado en 1885 —dos millones de personas acompañaron el cortejo—, Los miserables quedó consagrada como la epopeya democrática francesa por excelencia. La crítica del siglo XX reevaluó lo que la del XIX había reprochado: las digresiones y el melodrama se leyeron como parte de un proyecto totalizador, la «novela total» del romanticismo, y autores de tradiciones muy distintas —de Dostoievski, admirador declarado de Hugo, a Tolstói, que lo contaba entre sus modelos para Guerra y paz— reconocieron su deuda. Hoy es objeto de estudio académico constante y figura invariablemente entre las novelas más influyentes jamás escritas.

Su vida extraliteraria es quizá la más intensa de cualquier novela del XIX: centenares de adaptaciones al cine desde 1897, versiones televisivas y radiofónicas, y el musical de Claude-Michel Schönberg y Alain Boublil (1980; Londres, 1985), el de mayor permanencia en cartel de la historia del West End, que ha llevado la historia a decenas de países y a una película oscarizada en 2012. Cada generación reencuentra el libro por una puerta distinta.

Repercusión en el autor y en su época

Para Hugo, la novela culminó veinte años de gestación —la había comenzado en 1845 y la retomó en el exilio— y lo consolidó como conciencia moral de Francia, algo más que un escritor: un símbolo político. El libro dio munición al debate sobre la cuestión social del Segundo Imperio; su denuncia del sistema penal, del trabajo infantil y de la condición femenina alimentó el reformismo de las décadas siguientes, y la barricada de 1832, episodio menor de la historia real, se convirtió por obra suya en el icono universal de la insurrección popular. Hugo escribió que el libro estaba dirigido a todos los pueblos y a todos los hombres; la historia de su recepción, siglo y medio de lectores ininterrumpidos, le ha dado la razón.

Fuentes

  1. «Los miserables», Wikipedia en español
  2. «Les Misérables», Wikipedia en inglés (publicación y recepción)