Resumen de la obra
Jean Valjean, un campesino condenado a galeras por robar un pan para alimentar a los hijos de su hermana, sale en libertad tras diecinueve años de presidio convertido en un hombre endurecido y marcado: su pasaporte amarillo de expresidiario le cierra todas las puertas. Solo el obispo de Digne, monseñor Myriel, lo acoge; y cuando Valjean le roba la plata y es detenido, el obispo declara que se la había regalado y añade los candelabros: «Os compro el alma». Ese acto de misericordia inaugura la novela y la conversión de su protagonista, que dedicará el resto de su vida a ser un hombre justo bajo identidades falsas, perseguido sin descanso por la ley.
El argumento
La ley tiene un rostro: el inspector Javert, funcionario incorruptible para quien un condenado no puede redimirse jamás. La cacería entre ambos vertebra la novela a lo largo de décadas. Valjean, convertido en el próspero señor Madeleine, alcalde y benefactor de una ciudad del norte, se delata para salvar a un inocente confundido con él. Antes ha contraído su segunda deuda moral: Fantine, obrera despedida de su fábrica, obligada a vender su pelo, sus dientes y su cuerpo para pagar la pensión de su hija ilegítima, muere bajo su protección arrancándole la promesa de rescatar a la niña. Valjean saca a la pequeña Cosette de las garras de los Thénardier, los posaderos que la explotan —matrimonio de villanos memorables, mezcla de comedia y pura rapiña—, y huye con ella a París, donde se ocultan en un convento.
Años después, Cosette adolescente y el estudiante Marius Pontmercy se enamoran. Alrededor de ellos, Hugo despliega el fresco del París de 1832: la miseria de los barrios, el hampa, los idealistas de la sociedad secreta Amigos del ABC encabezados por Enjolras, el pilluelo Gavroche —encarnación del gamin parisino— y Éponine, la hija de los Thénardier que ama a Marius sin esperanza. La insurrección republicana de junio de 1832 reúne a todos en la barricada de la calle de la Chanvrerie. Allí mueren Gavroche y Éponine; allí Valjean, que ha acudido a proteger a Marius, tiene a Javert a su merced y le perdona la vida. Cuando la barricada cae, Valjean carga con Marius malherido a través de las cloacas de París, en uno de los episodios más célebres de la literatura del XIX. Javert, incapaz de conciliar la ley con la deuda contraída con el hombre al que persigue, se arroja al Sena.
El final es un lento sacrificio: casada Cosette con Marius, Valjean revela su pasado, se aparta para no manchar la felicidad de los jóvenes y se deja morir. El malentendido se deshace a tiempo para un desenlace de perdón: muere acompañado por los dos, a la luz de los candelabros del obispo.
Temas y sentido
Hugo definió su propósito en el prefacio: mientras exista «la degradación del hombre por el proletariado, la caída de la mujer por el hambre y la atrofia del niño por la noche», libros como este no serán inútiles. Los miserables es a la vez novela de redención cristiana, alegato contra el sistema penal y la pena de muerte, epopeya del pueblo y enciclopedia digresiva —Waterloo, los conventos, el argot, las cloacas— donde la historia de unos pocos personajes se expande hasta abarcar medio siglo de Francia. Su tesis atraviesa siglo y medio intacta: la miseria es una fabricación social, y la conciencia individual puede más que la ley.