Resumen de la obra
En el estudio del pintor Basil Hallward, el joven Dorian Gray posa para el que será el mejor retrato de su autor: la imagen de una belleza perfecta. Allí conoce a lord Henry Wotton, aristócrata de conversación deslumbrante que profesa un hedonismo epigramático: la juventud es lo único que vale la pena tener, y la única manera de librarse de una tentación es ceder a ella. Envenenado por esas palabras, Dorian formula ante el cuadro un deseo terrible: que sea el retrato quien envejezca, y él quien permanezca joven. El deseo se cumple, y esa premisa fantástica —un pacto fáustico sin diablo visible— sostiene la única novela de Oscar Wilde.
El argumento
Dorian se enamora de Sibyl Vane, una joven actriz que interpreta a las heroínas de Shakespeare en un teatro miserable. Cuando ella, enamorada de verdad, pierde el don de fingir pasiones en escena, Dorian la rechaza con crueldad; Sibyl se suicida esa misma noche. Al volver a casa, Dorian descubre el primer cambio en el retrato: un pliegue de crueldad en la boca. El cuadro será desde entonces el espejo de su alma: cada pecado, cada acto de egoísmo, se inscribe en la tela mientras su rostro real permanece intacto. Dorian lo esconde bajo llave en el desván y se entrega, guiado por lord Henry y por un «libro venenoso» de decadentismo francés, a dos décadas de hedonismo cada vez más sombrío: coleccionismo, opio, amistades arruinadas, reputaciones destruidas a su paso.
El nudo trágico llega cuando Basil, ante los rumores que rodean a su antiguo modelo, le pide ver su alma. Dorian le muestra el retrato —ya un rostro monstruoso y corrompido— y, en un arrebato de odio hacia el testigo de su secreto, lo asesina. Chantajea después a un antiguo amigo químico para hacer desaparecer el cadáver; el hombre acabará suicidándose. Acosado además por James Vane, el hermano marinero de Sibyl que ha jurado vengarla, Dorian ve morir también a su perseguidor en un accidente de caza. Impune pero devorado por dentro, decide «ser bueno» para limpiar el cuadro; el retrato solo añade a la crueldad el gesto de la hipocresía. Desesperado, apuñala la tela con el mismo cuchillo que mató al pintor. Los criados encuentran un cuadro espléndido de su señor en plena juventud y, en el suelo, el cadáver de un viejo repulsivo al que solo identifican por los anillos.
Temas y sentido
El retrato de Dorian Gray es el gran relato del esteticismo y, a la vez, su juicio. Wilde, apóstol del «arte por el arte», construyó una fábula donde la separación entre belleza y moral se lleva hasta el final y produce un monstruo: el libro puede leerse como manifiesto decadentista y como cuento moral victoriano, y esa duplicidad calculada es su motor. En el prefacio añadido en 1891, una colección de aforismos célebres, Wilde fijó su defensa: «No existen libros morales o inmorales. Los libros están bien o mal escritos».
La novela es también una meditación sobre la identidad y el doble —en la estela de Fausto y anticipando al Jekyll interior de cada lector—, sobre la influencia de un alma sobre otra y sobre el precio de la juventud como único valor. Wilde afirmó que los tres personajes principales eran autorretratos: «Basil es lo que creo que soy; lord Henry, lo que el mundo cree que soy; Dorian, lo que me gustaría ser, en otras épocas quizá». Escrita con la prosa más brillante y citada del fin de siglo inglés, sigue siendo la destilación perfecta de su autor: un epigrama que se convierte en tragedia.