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Ínsula Singularia

Obra analizada

El retrato de Dorian Gray

Título original: The Picture of Dorian Gray

de Oscar Wilde

1890novela75.718 palabras analizadas

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Resumen de la obra

En el estudio del pintor Basil Hallward, el joven Dorian Gray posa para el que será el mejor retrato de su autor: la imagen de una belleza perfecta. Allí conoce a lord Henry Wotton, aristócrata de conversación deslumbrante que profesa un hedonismo epigramático: la juventud es lo único que vale la pena tener, y la única manera de librarse de una tentación es ceder a ella. Envenenado por esas palabras, Dorian formula ante el cuadro un deseo terrible: que sea el retrato quien envejezca, y él quien permanezca joven. El deseo se cumple, y esa premisa fantástica —un pacto fáustico sin diablo visible— sostiene la única novela de Oscar Wilde.

El argumento

Dorian se enamora de Sibyl Vane, una joven actriz que interpreta a las heroínas de Shakespeare en un teatro miserable. Cuando ella, enamorada de verdad, pierde el don de fingir pasiones en escena, Dorian la rechaza con crueldad; Sibyl se suicida esa misma noche. Al volver a casa, Dorian descubre el primer cambio en el retrato: un pliegue de crueldad en la boca. El cuadro será desde entonces el espejo de su alma: cada pecado, cada acto de egoísmo, se inscribe en la tela mientras su rostro real permanece intacto. Dorian lo esconde bajo llave en el desván y se entrega, guiado por lord Henry y por un «libro venenoso» de decadentismo francés, a dos décadas de hedonismo cada vez más sombrío: coleccionismo, opio, amistades arruinadas, reputaciones destruidas a su paso.

El nudo trágico llega cuando Basil, ante los rumores que rodean a su antiguo modelo, le pide ver su alma. Dorian le muestra el retrato —ya un rostro monstruoso y corrompido— y, en un arrebato de odio hacia el testigo de su secreto, lo asesina. Chantajea después a un antiguo amigo químico para hacer desaparecer el cadáver; el hombre acabará suicidándose. Acosado además por James Vane, el hermano marinero de Sibyl que ha jurado vengarla, Dorian ve morir también a su perseguidor en un accidente de caza. Impune pero devorado por dentro, decide «ser bueno» para limpiar el cuadro; el retrato solo añade a la crueldad el gesto de la hipocresía. Desesperado, apuñala la tela con el mismo cuchillo que mató al pintor. Los criados encuentran un cuadro espléndido de su señor en plena juventud y, en el suelo, el cadáver de un viejo repulsivo al que solo identifican por los anillos.

Temas y sentido

El retrato de Dorian Gray es el gran relato del esteticismo y, a la vez, su juicio. Wilde, apóstol del «arte por el arte», construyó una fábula donde la separación entre belleza y moral se lleva hasta el final y produce un monstruo: el libro puede leerse como manifiesto decadentista y como cuento moral victoriano, y esa duplicidad calculada es su motor. En el prefacio añadido en 1891, una colección de aforismos célebres, Wilde fijó su defensa: «No existen libros morales o inmorales. Los libros están bien o mal escritos».

La novela es también una meditación sobre la identidad y el doble —en la estela de Fausto y anticipando al Jekyll interior de cada lector—, sobre la influencia de un alma sobre otra y sobre el precio de la juventud como único valor. Wilde afirmó que los tres personajes principales eran autorretratos: «Basil es lo que creo que soy; lord Henry, lo que el mundo cree que soy; Dorian, lo que me gustaría ser, en otras épocas quizá». Escrita con la prosa más brillante y citada del fin de siglo inglés, sigue siendo la destilación perfecta de su autor: un epigrama que se convierte en tragedia.

Recepción y repercusión

Pocas novelas han tenido una recepción inicial tan violenta. El retrato de Dorian Gray apareció en julio de 1890 en el Lippincott's Monthly Magazine, y antes incluso de llegar al público ya había sido censurado: el editor J. M. Stoddart eliminó sin conocimiento de Wilde alrededor de quinientas palabras, precisamente las que hacían más explícito el deseo de Basil por Dorian. No bastó. La prensa británica reaccionó con ferocidad: el Daily Chronicle lo llamó un libro «surgido de la literatura leprosa de los decadentes franceses, venenoso y cargado de los olores mefíticos de la putrefacción moral»; el St James's Gazette sugirió que el Ministerio Fiscal debería examinarlo, y la cadena de librerías W. H. Smith lo retiró de sus quioscos.

La defensa de Wilde y la edición de 1891

Wilde respondió con una campaña de cartas a los periódicos defendiendo la autonomía del arte, y para la edición en libro de 1891 revisó el texto: añadió seis capítulos, atenuó los pasajes más comprometedores y antepuso el célebre prefacio aforístico que condensa su credo esteticista:

No existen libros morales o inmorales. Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo.

La ironía trágica llegó cuatro años después: en los procesos de 1895 que acabaron con Wilde condenado a dos años de trabajos forzados por «indecencia grave», el abogado Edward Carson leyó pasajes de la novela en el interrogatorio como prueba de carácter contra su autor. El libro que la crítica había querido llevar ante los tribunales terminó, de hecho, compareciendo en ellos. La caída de Wilde arrastró temporalmente su obra: tras su muerte en 1900, arruinado y exiliado, la novela quedó durante años bajo la sombra del escándalo.

De libro maldito a clásico

La rehabilitación fue paralela a la del propio Wilde. A lo largo del siglo XX, Dorian Gray pasó de curiosidad escandalosa a clásico indiscutido del fin de siglo: la crítica lo consagró como la novela central del decadentismo inglés, puente entre el gótico tardío —el doble, el retrato maldito— y la modernidad literaria. Los estudios académicos han hecho de ella un texto clave para la historia de la representación de la homosexualidad en la literatura, especialmente desde la publicación en 2011 de la versión íntegra sin censura del texto mecanografiado original, editada por Nicholas Frankel para Harvard University Press, que restituyó lo que Stoddart cortó en 1890.

Su fortuna popular es inmensa: decenas de adaptaciones al cine —de la versión de Albert Lewin de 1945, con su famoso retrato pintado por Ivan Albright, a las relecturas contemporáneas—, teatro, ópera y una presencia constante en la cultura de masas. El «síndrome de Dorian Gray» ha dado nombre en psicología al culto patológico a la juventud, señal de que el mito ha desbordado al libro.

Repercusión en el autor y en su época

Para Wilde, la novela fue a la vez consagración y condena: lo confirmó como la figura literaria más brillante y discutida del Londres de 1890, preparó el terreno para sus grandes comedias —El abanico de lady Windermere llegó en 1892— y le suministró a sus enemigos el arma que acabaría destruyéndolo. En su época, el escándalo de Dorian Gray cristalizó el choque entre la moral victoriana y el esteticismo continental: el libro fue leído como el manifiesto inglés del decadentismo y contribuyó a fijar la figura pública del dandi que Wilde encarnó hasta el final. Hoy, la única novela que escribió es probablemente la más leída de toda su obra, y su protagonista, un mito moderno comparable a Fausto o a Frankenstein: el rostro que no envejece sobre un alma que sí.

Fuentes

  1. «El retrato de Dorian Gray», Wikipedia en español
  2. «The Picture of Dorian Gray», Wikipedia en inglés (censura y recepción de 1890)