Resumen de la obra
«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...». Así comienza la historia de Alonso Quijano, un hidalgo de aldea que, enloquecido por la lectura obsesiva de libros de caballerías, decide hacerse caballero andante bajo el nombre de don Quijote de la Mancha. Se procura una armadura heredada y oxidada, rebautiza a su rocín como Rocinante, elige como dama de sus pensamientos a una labradora a la que llama Dulcinea del Toboso y sale a los caminos de Castilla a desfacer entuertos y ganar fama eterna.
Las dos partes
La primera parte, publicada en 1605, narra las dos primeras salidas del caballero. En la segunda de ellas lo acompaña ya Sancho Panza, un labrador vecino al que recluta como escudero con la promesa de hacerlo gobernador de una ínsula. La pareja protagoniza los episodios más célebres del libro: la batalla contra los molinos de viento que don Quijote toma por gigantes, el yelmo de Mambrino que es una bacía de barbero, la liberación de los galeotes, la penitencia en Sierra Morena. La estructura es la de una sucesión de aventuras en las que la imaginación caballeresca del protagonista choca una y otra vez con la realidad prosaica, con resultado casi siempre de palos y burlas. Cervantes intercala además novelas cortas y presenta el conjunto con un artificio célebre: el texto sería traducción de una crónica del historiador arábigo Cide Hamete Benengeli.
La segunda parte, de 1615, es más compleja y melancólica. Don Quijote y Sancho descubren que la primera parte de sus aventuras ya circula impresa y que son famosos: los personajes que encuentran han leído el libro y fabrican para ellos aventuras fingidas. En el palacio de unos duques ociosos, la pareja es objeto de elaboradas burlas cortesanas; Sancho llega a gobernar su prometida ínsula, y lo hace con inesperada sensatez. El juego de espejos se acentúa con la aparición de un Quijote apócrifo —la continuación fraudulenta publicada por Avellaneda en 1614—, al que Cervantes responde dentro de la propia ficción. Derrotado en la playa de Barcelona por el Caballero de la Blanca Luna (su vecino Sansón Carrasco disfrazado), don Quijote acepta la condición de volver a casa. Allí, enfermo, recupera la razón, reniega de los libros de caballerías, recobra su nombre de Alonso Quijano el Bueno y muere cristianamente, mientras Sancho, ahora contagiado del idealismo de su señor, le suplica llorando que vuelvan a los caminos.
Temas y sentido
Concebido como parodia de los libros de caballerías, el Quijote desborda muy pronto su propósito inicial. El diálogo continuo entre don Quijote y Sancho —el idealista que ennoblece la realidad y el pragmático que la constata— construye una meditación inagotable sobre la locura y la cordura, la ficción y la vida, la libertad y el fracaso. A lo largo del libro ambos personajes se transforman mutuamente: la crítica ha llamado a este proceso la «quijotización» de Sancho y la «sanchificación» de don Quijote.
La novela funda además buena parte de las técnicas de la narrativa moderna: el narrador no fiable, el manuscrito encontrado, los personajes conscientes de ser leídos, la mezcla de registros y géneros, el perspectivismo que deja al lector la tarea de decidir qué es verdad. Todo ello envuelto en un humor que va de la carcajada a la compasión. Pocas obras han condensado tanto: una sátira literaria, un retrato total de la España de su tiempo y, sobre todo, la historia conmovedora de un hombre que decidió vivir como si el mundo fuera mejor de lo que es.