Saltar al contenido principal
Ínsula Singularia

Obra analizada

Don Quijote de la Mancha

Título original: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

de Miguel de Cervantes

1605novela197.237 palabras analizadas

Descargar la obra

Resumen de la obra

«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...». Así comienza la historia de Alonso Quijano, un hidalgo de aldea que, enloquecido por la lectura obsesiva de libros de caballerías, decide hacerse caballero andante bajo el nombre de don Quijote de la Mancha. Se procura una armadura heredada y oxidada, rebautiza a su rocín como Rocinante, elige como dama de sus pensamientos a una labradora a la que llama Dulcinea del Toboso y sale a los caminos de Castilla a desfacer entuertos y ganar fama eterna.

Las dos partes

La primera parte, publicada en 1605, narra las dos primeras salidas del caballero. En la segunda de ellas lo acompaña ya Sancho Panza, un labrador vecino al que recluta como escudero con la promesa de hacerlo gobernador de una ínsula. La pareja protagoniza los episodios más célebres del libro: la batalla contra los molinos de viento que don Quijote toma por gigantes, el yelmo de Mambrino que es una bacía de barbero, la liberación de los galeotes, la penitencia en Sierra Morena. La estructura es la de una sucesión de aventuras en las que la imaginación caballeresca del protagonista choca una y otra vez con la realidad prosaica, con resultado casi siempre de palos y burlas. Cervantes intercala además novelas cortas y presenta el conjunto con un artificio célebre: el texto sería traducción de una crónica del historiador arábigo Cide Hamete Benengeli.

La segunda parte, de 1615, es más compleja y melancólica. Don Quijote y Sancho descubren que la primera parte de sus aventuras ya circula impresa y que son famosos: los personajes que encuentran han leído el libro y fabrican para ellos aventuras fingidas. En el palacio de unos duques ociosos, la pareja es objeto de elaboradas burlas cortesanas; Sancho llega a gobernar su prometida ínsula, y lo hace con inesperada sensatez. El juego de espejos se acentúa con la aparición de un Quijote apócrifo —la continuación fraudulenta publicada por Avellaneda en 1614—, al que Cervantes responde dentro de la propia ficción. Derrotado en la playa de Barcelona por el Caballero de la Blanca Luna (su vecino Sansón Carrasco disfrazado), don Quijote acepta la condición de volver a casa. Allí, enfermo, recupera la razón, reniega de los libros de caballerías, recobra su nombre de Alonso Quijano el Bueno y muere cristianamente, mientras Sancho, ahora contagiado del idealismo de su señor, le suplica llorando que vuelvan a los caminos.

Temas y sentido

Concebido como parodia de los libros de caballerías, el Quijote desborda muy pronto su propósito inicial. El diálogo continuo entre don Quijote y Sancho —el idealista que ennoblece la realidad y el pragmático que la constata— construye una meditación inagotable sobre la locura y la cordura, la ficción y la vida, la libertad y el fracaso. A lo largo del libro ambos personajes se transforman mutuamente: la crítica ha llamado a este proceso la «quijotización» de Sancho y la «sanchificación» de don Quijote.

La novela funda además buena parte de las técnicas de la narrativa moderna: el narrador no fiable, el manuscrito encontrado, los personajes conscientes de ser leídos, la mezcla de registros y géneros, el perspectivismo que deja al lector la tarea de decidir qué es verdad. Todo ello envuelto en un humor que va de la carcajada a la compasión. Pocas obras han condensado tanto: una sátira literaria, un retrato total de la España de su tiempo y, sobre todo, la historia conmovedora de un hombre que decidió vivir como si el mundo fuera mejor de lo que es.

Recepción y repercusión

El Quijote fue un éxito popular inmediato. La primera parte, impresa por Juan de la Cuesta en Madrid a comienzos de 1605, se reeditó varias veces ese mismo año y las figuras de don Quijote y Sancho saltaron enseguida del libro a las fiestas y mascaradas de la época. Prueba de esa fama es que en 1614, antes de que Cervantes publicara su segunda parte, apareció una continuación apócrifa firmada por Alonso Fernández de Avellaneda, agravio que Cervantes convirtió en material literario respondiendo al impostor dentro de la segunda parte auténtica de 1615. Las traducciones llegaron con rapidez inusitada: al inglés (Thomas Shelton, 1612) y al francés (César Oudin, 1614) cuando el autor aún vivía.

De libro de burlas a fundación de la novela moderna

Durante el siglo XVII el Quijote se leyó sobre todo como un libro cómico, una sátira ingeniosa de la caballeresca. El cambio decisivo llegó con el romanticismo alemán: críticos y filósofos como Friedrich Schlegel y Schelling vieron en la novela un símbolo trágico del conflicto entre el ideal y la realidad, y en don Quijote un héroe noble derrotado por un mundo prosaico. Esa lectura romántica, que consagró la dimensión melancólica del personaje, domina desde entonces buena parte de la interpretación moderna, como documenta la antología crítica del Centro Virtual Cervantes.

La novela inglesa del XVIII se construyó abiertamente sobre el modelo cervantino —Fielding subtituló su Joseph Andrews «escrito a imitación de la manera de Cervantes»—, y el canon de la novela europea del XIX, de Dickens a Flaubert y Dostoievski, prolongó esa estela. Dostoievski llegó a escribir que si el mundo se acabara y se preguntara a los hombres qué habían entendido de la vida, bastaría con presentar el Quijote.

El juicio de la crítica moderna

La crítica del siglo XX consolidó el consenso que hace del Quijote la primera novela moderna y una de las cimas de la literatura universal. Lionel Trilling resumió su alcance en una fórmula célebre:

Toda la prosa de ficción es una variación sobre el tema del Quijote.

Harold Bloom, que situó a Cervantes junto a Shakespeare en el centro del canon occidental, escribió que el libro «contiene en sí mismo todas las novelas que lo han seguido en su sublime estela». Vladimir Nabokov, lector más reticente que dedicó un curso en Harvard a la obra, reconoció sin embargo la estatura definitiva del personaje: don Quijote «se alza maravillosamente sobre el horizonte de la literatura, gigante flaco sobre rocín escuálido», más grande hoy que cuando salió del taller de Cervantes. En las encuestas internacionales entre escritores —como la organizada por el Instituto Nobel noruego en 2002— el Quijote ha sido votado como el mejor libro de la historia.

Repercusión en el autor y en su época

Para Cervantes, que había fracasado en el teatro y publicado La Galatea veinte años atrás sin continuación, el éxito del Quijote llegó a los 57 años y no lo sacó de la estrechez económica: los derechos vendidos al librero Francisco de Robles le rindieron poco, y siguió dependiendo de mecenas hasta el final. Pero la fama del libro le permitió publicar en sus últimos años el resto de su obra madura —las Novelas ejemplares (1613), el Viaje del Parnaso (1614), las Ocho comedias (1615) y el póstumo Persiles (1617)— y le dio la certeza, expresada con ironía en sus prólogos, de haber escrito algo perdurable. La historia le dio la razón desmesuradamente: el Quijote es el libro más editado y traducido de la lengua española, ha generado una disciplina filológica propia —el cervantismo— y sus dos protagonistas se han convertido en mitos universales que viven ya fuera de las páginas que los inventaron.

Fuentes

  1. «Don Quijote de la Mancha», Wikipedia en español
  2. «El Quijote en la crítica», antología del Centro Virtual Cervantes
  3. «Don Quixote», Wikipedia en inglés (recepción crítica: Trilling, Nabokov, Bloom)