Resumen de la obra
Los tres crímenes de Arsène Lupin es la segunda mitad de la gran novela negra de la serie: el desenlace del caso Kesselbach que Leblanc publicó completo en 1910 bajo el título 813, y que la reedición de 1917 dividió en dos volúmenes independientes, forma en que ha circulado desde entonces en francés y en español. Quien llega a este libro llega, por tanto, a una partida empezada: Lupin, acusado de un asesinato que no cometió, ha suplantado durante meses al jefe de la policía francesa y persigue el doble secreto del millonario asesinado —la clave «813» y el proyecto que interesa a las cancillerías de Europa— mientras un asesino sin rostro va sembrando de cadáveres el camino.
El argumento
El título es un programa y una provocación: la Francia de la ficción, y el lector con ella, debe asumir que el ladrón que nunca mataba carga ahora con tres muertes. La novela se abre con Lupin en su punto más bajo —detenido, encarcelado, despojado de sus máscaras— y despliega su remontada más espectacular: la evasión, la reconquista de la iniciativa y la persecución final del verdadero asesino, cuya identidad es el golpe de teatro más cruel que Leblanc se permitió jamás. El juego político sube también de apuesta: la partida por el secreto de Kesselbach implica al mismísimo emperador alemán, con quien Lupin mantiene un duelo de orgullos nacionales que los lectores de 1917, en plena guerra, saborearon como profecía cumplida.
En el centro del mecanismo está Dolores Kesselbach, la viuda doliente a la que Lupin protege, y alrededor de ella la maquinaria trágica va cerrándose capítulo a capítulo hasta la revelación final, que convierte retrospectivamente toda la historia en otra cosa: no un enigma resuelto, sino una herida. El cierre es el más radical de la serie: Lupin, moralmente destruido, dicta sus últimas voluntades de ladrón, liquida su imperio secreto y se arroja al mar. La serie continuó —el personaje regresaría—, pero dentro de su biografía novelesca este es el final de su juventud: después de estas páginas, el Lupin alegre de los primeros relatos ya no existe.
Temas y sentido
Leído como volumen autónomo, el libro es la culminación del experimento de 813: hasta dónde puede oscurecerse un héroe cómico sin destruirlo. Leblanc responde con una novela de culpa y expiación disfrazada de folletín: el título mismo obliga al héroe a cargar con la palabra «crímenes», y el desenlace le niega la restauración habitual del género. Es también la entrega más política de la serie —el espionaje europeo prebélico tratado con una desenvoltura que anticipa el thriller internacional del siglo XX— y la más melodramática, en el sentido fuerte y noble del término: la identidad, el amor y la muerte como máscaras de un mismo rostro.
Para el lector actual, la partición editorial tiene una consecuencia práctica: conviene leer 813 y Los tres crímenes seguidos y en ese orden, como la novela única que son. El catálogo analizado conserva ambos títulos por fidelidad a la historia editorial; la obra, en cambio, es una sola, y su segunda mitad —esta— contiene el desenlace que la crítica de la serie cuenta entre lo mejor que produjo la literatura popular francesa de su tiempo.