Resumen de la obra
El París elegante de finales de los años veinte —alta costura, teatros, joyas y crónica de sociedad— es el escenario de esta entrega tardía de la serie. Un golpe espectacular abre la novela: una celebridad del espectáculo es secuestrada con sus joyas en circunstancias que parecen desafiar la lógica, y el rastro conduce a una propiedad que da título al libro, una mansión cuyo secreto arquitectónico es la clave del enigma. La policía, representada una vez más por el inspector Béchoux —el sufrido colaborador rival nacido en La agencia Barnett y Compañía—, se estrella contra el misterio; y como siempre que Béchoux se estrella, en la historia entra, bajo identidad mundana e impecable, Arsène Lupin.
El argumento
Leblanc juega aquí sus cartas clásicas en versión urbana: si en las novelas normandas el secreto estaba en la piedra medieval y el paisaje, aquí está en la arquitectura parisina, en las casas con historia y doble fondo, terreno que el autor venía explotando desde Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes. El enigma de la mansión —cómo entran y salen los delincuentes de un lugar vigilado, dónde desaparece lo robado— pertenece a la familia del misterio de lugar imposible, y su solución, arquitectónica y elegante, es de la mejor artesanía del último Leblanc.
El reparto responde al molde de la etapa final de la serie: una joven amenazada a la que proteger, un villano de guante blanco que opera desde la respetabilidad, el duelo cómico-profesional entre Lupin y Béchoux —que sabe con quién trata y nunca puede demostrarlo— y el registro sentimental del héroe maduro, galante y desprendido, que resuelve, restituye y desaparece. El desenlace combina el castigo ingenioso del culpable con la renuncia amorosa característica del Lupin crepuscular.
Temas y sentido
Publicada por entregas en Le Journal y en volumen en 1929, La mansión misteriosa pertenece al ciclo final de la serie, cuando Leblanc, con el personaje ya convertido en institución, producía variaciones profesionales sobre sus propias fórmulas. El interés del libro para el lector actual es doble. Como pieza de género, ofrece un enigma de lugar imposible bien construido y el placer estable del dúo Lupin-Béchoux. Como documento, retrata el último mundo de Lupin: ya no la Belle Époque de los orígenes, sino el París de entreguerras, con sus celebridades mediáticas, su lujo moderno y su crónica de sucesos convertida en espectáculo —un mundo que el personaje, nacido en 1905, atraviesa con la melancolía ligera de quien ha sobrevivido a su propia época.
Dentro del canon lupiniano, la crítica de la serie la sitúa en la producción menor de calidad: por debajo de las cumbres y de los grandes títulos de los años veinte, pero por encima del simple oficio, gracias a la solidez del enigma central. Para el lector que recorre la serie completa, funciona como lo que es: una entrega de crucero del último Leblanc, con todos los ingredientes de la casa servidos con mano segura.