Resumen de la obra
Normandía, 1894. Raoul d'Andrésy tiene veinte años, un apellido prestado, un talento inquietante para abrir cerraduras y ninguna fortuna. Está a punto de casarse con la dulce Clarisse d'Étigues cuando asiste, escondido, a un tribunal secreto: un grupo de nobles normandos juzga a una mujer acusada de crímenes que abarcan un siglo, porque la acusada —Joséphine Balsamo, condesa de Cagliostro, supuesta hija del legendario mago— parece no envejecer: los retratos de décadas atrás muestran su mismo rostro de veinticinco años. Condenada a morir ahogada, la mujer es salvada in extremis por Raoul. Así comienza la novela de los orígenes: la historia de cómo un muchacho brillante se convirtió en Arsène Lupin.
El argumento
Raoul y Joséphine se convierten en amantes y en socios: ambos persiguen el mismo secreto, el tesoro de las abadías normandas —las riquezas medievales de los monasterios, ocultas antes de la Revolución y cifradas en el enigma del candelabro de siete brazos—, y ambos saben que el otro es a la vez el aliado perfecto y el adversario definitivo. La novela es la educación sentimental y criminal del héroe: de la Cagliostro aprende Raoul el arte del disfraz total, la organización invisible, la crueldad necesaria; contra ella aprende a no confiar, a prever la traición y a renunciar. Entre ambos, la sombra de Clarisse, el amor limpio que Raoul sacrifica y que pagará el precio más alto.
La caza del tesoro se despliega por la Normandía que Leblanc convirtió en su territorio mítico —Ruán, el país de Caux, las abadías de Jumièges y Saint-Wandrille— con la mecánica de sus mejores enigmas históricos: una fórmula transmitida durante siglos, pistas incrustadas en piedra románica y una solución de elegancia geométrica. Pero el centro del libro es el duelo amoroso: Joséphine Balsamo es el único personaje de toda la serie que derrota a Lupin en su propio terreno —la manipulación, el teatro, la anticipación— y la única mujer que lo marca para siempre. El desenlace, amargo, cierra la novela como tragedia de formación: Raoul gana el tesoro y pierde todo lo demás, y de esa pérdida nace, dice el libro, el Lupin que conocemos: el hombre que ya solo se tomará en serio el juego.
Un epílogo célebre anuda la novela al resto de la serie y prepara su continuación tardía (La Cagliostro se venga, 1935): la guerra entre Lupin y la condesa no terminó en Normandía.
Temas y sentido
Publicada por entregas en Le Journal en 1923-1924 y en volumen en 1924, La condesa de Cagliostro es la precuela de la serie: Leblanc, dieciocho años después de crear a su héroe, le escribió una juventud. El procedimiento —contar el origen del mito cuando el mito ya es patrimonio nacional— es de una modernidad notable, y el resultado, uno de los libros más estimados del canon lupiniano: novela de aventuras históricas, relato de aprendizaje y, sobre todo, la única historia de amor de la serie jugada de igual a igual. La Cagliostro, mujer sin edad, mezcla de femme fatale y espejo del héroe, es unánimemente considerada la mejor creación femenina de Leblanc, y su duelo con el joven Raoul, el corazón romántico de toda la saga.