Resumen de la obra
Este libro es un fantasma bibliográfico hecho realidad: la última novela de Arsène Lupin, escrita por Maurice Leblanc al final de su vida, guardada inédita por sus herederos durante siete décadas y publicada por primera vez en 2012, setenta y un años después de la muerte del autor. Su mera existencia es parte de su argumento: durante generaciones, los lupinianos supieron por las biografías que existía un manuscrito final, y su aparición —hallado entre los papeles de la familia y editado por Éditions Balland con el acuerdo de los herederos— fue un acontecimiento literario en Francia.
El argumento
La novela, que Leblanc dejó en estado de último borrador —terminada en su trama, no en su pulido—, envía a Lupin a un territorio nuevo: Inglaterra ocupa un lugar central en la intriga, y el héroe, ya maduro, se enfrenta a la vez a un desafío criminal y al sentimiento que da título al libro. El reparto responde al molde tardío del autor: una joven a la que proteger —aquí acompañada de una dimensión pedagógica y social insólita en la serie: la educación de los desfavorecidos como causa—, adversarios que operan desde la respetabilidad y el juego de identidades de costumbre, con Lupin moviéndose entre nombres prestados y pasados que vuelven.
Al tratarse de una obra inacabada en su revisión, el texto publicado conserva las asperezas del borrador: transiciones bruscas, cabos que el autor habría anudado y un ritmo desigual que la edición de 2012 respetó deliberadamente, limitándose a fijar el manuscrito. El lector no encuentra aquí la relojería pulida de las grandes entregas, sino algo distinto y en cierto modo más conmovedor: el taller del autor, la última partida de Lupin tal como quedó sobre la mesa cuando su creador ya no pudo seguir jugándola.
Temas y sentido
Como cierre de la serie, el libro tiene un valor más testamentario que novelesco. El título es exacto: Leblanc, que había hecho del amor perdido el bajo continuo de la biografía de su héroe —de Raymonde a la Cagliostro—, quiso despedirlo con una historia sentimental, y el Lupin de estas páginas, generoso, melancólico y vuelto hacia los humildes, es el autorretrato final del personaje que Francia había convertido en mito nacional. Los temas sociales que asoman —la educación popular, la filantropía del ladrón— prolongan el viejo ADN del gentleman cambrioleur: robar a los poderosos fue siempre, en la serie, una forma de justicia.
Para el lector actual, la obra se lee en doble registro: como aventura menor y desigual del último Leblanc, y como documento único —la despedida real, no planificada, del autor y su criatura—. Su lugar en el canon es el de las obras póstumas: no se empieza por ella, pero ningún recorrido completo de la serie puede ignorarla, porque contiene la última palabra —inacabada, como corresponde a un personaje que nunca dejó de escapar— del ladrón más célebre de la literatura francesa.