Resumen de la obra
Un robo nocturno en una villa de Enghien sale mal: hay un guardia muerto y dos cómplices de Lupin —Gilbert, un muchacho al que aprecia, y Vaucheray, un bruto— detenidos y condenados a muerte. Lupin no participó en el crimen y desaprueba la sangre, pero el juicio es sumario y la guillotina espera. Sobre esa cuenta atrás construye Leblanc su novela más perfecta de mecanismo: para salvar la cabeza de Gilbert, Lupin necesita apoderarse de un objeto minúsculo y absurdo —un tapón de cristal, el de una licorera— que todos buscan y cuyo poder nadie explica.
El argumento
El adversario es el mejor villano de la serie: Alexis Daubrecq, diputado corrupto, físicamente repugnante y mentalmente formidable, que mantiene aterrorizada a media clase política francesa. El tapón de cristal esconde —o conduce a— la «lista de los veintisiete»: la nómina de parlamentarios y financieros comprados en un escándalo de corrupción calcado del asunto de Panamá, que arruinó carreras y gobiernos en la Francia real de los años noventa del XIX. Con ese papel, Daubrecq chantajea, humilla y devora; quien lo posea tiene en la mano a la República.
Lupin descubre pronto que en esta partida juega con desventaja: Daubrecq no se deja robar, prevé cada asalto, y detrás del duelo entre ladrones hay una tercera fuerza, la mujer que sirve en casa del diputado y que resulta ser Clarisse Mergy, madre de Gilbert, dispuesta a todo para salvar a su hijo y para vengarse del hombre que destruyó a su familia. La novela encadena asaltos, secuestros, persecuciones en automóvil y trenes nocturnos con una economía admirable, pero su motor es psicológico: por primera vez Lupin pelea sin máscara de juego, con la vida de un muchacho y el dolor de una madre sobre la mesa, y pierde una y otra vez contra un enemigo que no comete errores.
La resolución del enigma —dónde está de verdad la lista, y qué es exactamente el tapón de cristal— es un prodigio de juego limpio: la solución, escondida a plena vista durante toda la novela, hace inevitable el recuerdo de «La carta robada» de Poe, homenaje que Leblanc asume abiertamente. El desenlace aprieta hasta el último minuto: la mañana de la ejecución, con el patíbulo montado, Lupin juega su carta final en una carrera contra el reloj que sigue siendo modelo del suspense de última hora.
Temas y sentido
El tapón de cristal es la entrega donde la serie digiere el luto de 813: un Lupin más grave, falible y humano, que encaja derrotas parciales en cada capítulo y gana solo por tenacidad. Es también la novela política de Leblanc: su retrato de la corrupción parlamentaria, del chantaje como forma de gobierno y de la prensa como arma arroja, bajo el barniz del folletín, una sátira nada inocente de la Tercera República. Y es, técnicamente, su libro más citado por los teóricos del relato de enigma: objeto escondido a la vista, adversario invencible salvo por su único punto ciego, y un héroe que triunfa no por genialidad repentina sino por comprender, al fin, cómo piensa el otro. Dentro de la serie, el consenso lo sitúa inmediatamente detrás de La aguja hueca y 813: el tercer imprescindible.