Resumen de la obra
El duelo que la primera colección de relatos había insinuado se convierte aquí en materia de todo un libro: el ladrón más famoso de Francia contra el detective más famoso de Inglaterra —rebautizado Herlock Sholmès tras la protesta de Conan Doyle—, acompañado de su fiel Wilson. Publicada por entregas en Je sais tout y recogida en volumen en 1908, la novela se compone de dos episodios: «La dama rubia» y «La lámpara judía».
La dama rubia
El primer episodio, el más extenso, arranca con una cadena de sucesos aparentemente inconexos: la compra de un secreter antiguo que es robado esa misma noche, un billete de lotería premiado que dos personas reclaman, el asesinato del barón d'Hautrec y la desaparición de un diamante célebre, el diamante azul. En todos los casos ronda una misteriosa dama rubia, y detrás de todos, naturalmente, Arsène Lupin. Desbordada, la alta sociedad parisina hace venir de Londres al único hombre considerado capaz de medirse con él.
El encuentro entre ambos —en un restaurante, con una cortesía erizada de amenazas— es una de las escenas más celebradas de la serie: los dos adversarios se reconocen, se admiran y se declaran la guerra. La partida se juega en el terreno favorito de Leblanc: pasadizos secretos, casas comunicadas, identidades dobles y golpes de teatro. Sholmès, tenaz y brillante, consigue lo que nadie: descubrir el mecanismo de los escondites de Lupin, identificar a la dama rubia y acorralar al ladrón hasta hacerlo detener. Pero cada victoria del inglés lleva dentro una pirueta del francés: Lupin se evade en las mismas narices de su captor, y el episodio se cierra en tablas envenenadas, con Sholmès embarcado de vuelta a Inglaterra y el honor de ambos a salvo.
La lámpara judía
El segundo episodio invierte la mecánica. Sholmès regresa a Francia contra la voluntad expresa de Lupin —que le ha escrito educadamente pidiéndole que no se meta— para investigar el robo de una lámpara antigua que esconde una joya. El caso, en apariencia doméstico, encierra un drama íntimo que Lupin conoce y protege: el ladrón ha resuelto el asunto antes que el detective y ha decidido enterrarlo por compasión hacia los implicados. La inteligencia de Sholmès triunfa una vez más en el plano deductivo y fracasa en el humano: su victoria técnica destapa lo que la elegancia de su rival había querido mantener oculto. La moraleja del díptico queda así completa: el inglés gana razonamientos; el francés gana lectores.
Sentido y lugar en la serie
La novela es ante todo un manifiesto nacional en clave de juego: Leblanc organiza el enfrentamiento de dos mitologías —el análisis flemático británico contra la improvisación galante francesa— y arbitra con descaro a favor de la suya, aunque concediendo al adversario una estatura real: su Sholmès no es un payaso, sino un rival formidable al que solo la ironía del narrador mantiene un peldaño por debajo. El libro fija además elementos duraderos del universo Lupin: la guerra de guasa con la policía y la prensa, la geometría secreta de las casas parisinas y la regla de que el ladrón no roba nunca dos veces del mismo modo. Dentro de la serie, es la entrega que consagró a Lupin como fenómeno europeo: el personaje ya no necesitaba presentación, sino adversarios a su medida.