Ulises se publicó en París el 2 de febrero de 1922 —el día en que Joyce cumplía cuarenta años—, editado por Sylvia Beach, la librera de Shakespeare and Company, porque ningún editor comercial se atrevía: la serialización previa en la Little Review neoyorquina había terminado en 1921 con una condena por obscenidad. Joyce lo escribió durante siete años (1914-1921) entre Trieste, Zúrich y París.
La novela cuenta un solo día, el jueves 16 de junio de 1904 en Dublín —la fecha del primer paseo de Joyce con Nora Barnacle—, a través de tres personajes y dieciocho episodios que corresponden, en paralelo irónico, a la Odisea: Stephen Dedalus, el joven intelectual del Retrato del artista adolescente, es Telémaco, huérfano espiritual que ha rehusado rezar ante su madre moribunda; Leopold Bloom, agente de publicidad, judío dublinés de treinta y ocho años, es Ulises, y su periplo son las calles de la ciudad: el desayuno con riñón, el funeral de Dignam, la redacción del periódico, el almuerzo, la biblioteca, las tabernas —incluido el enfrentamiento con el «Ciudadano», el cíclope nacionalista, uno de los grandes momentos políticos del libro—, la playa, el hospital de maternidad y el burdel nocturno donde, en el episodio alucinado de «Circe», rescata a Stephen de una pelea y encuentra por unas horas al hijo que perdió. Penélope es Molly Bloom, cantante, que esa tarde ha recibido en casa a su amante Boylan mientras Bloom, que lo sabe, da vueltas por la ciudad para no volver. El libro se cierra con las ocho frases sin puntuación de su monólogo insomne, que desemboca en el «sí» más famoso de la literatura: «sí dije sí quiero Sí».
El argumento, deliberadamente mínimo —un adulterio consumado, un encuentro casi paterno-filial, el regreso a casa—, es el soporte de la revolución formal: cada episodio tiene técnica, ritmo y hasta órgano corporal propios, del monólogo interior de las primeras horas a la parodia de todos los estilos de la prosa inglesa en «Los bueyes del sol», el catecismo de preguntas y respuestas de «Ítaca» o el teatro onírico de «Circe». La correspondencia homérica convierte a un publicista cornudo, curioso y compasivo en el héroe épico de la vida corriente: esa dignificación del hombre común —Bloom es, por consenso crítico, el personaje más completo de la novela moderna— es el corazón moral de un libro que celebra el cuerpo, la ciudad y el lenguaje con una exhaustividad sin precedente. Joyce presumió de que, si Dublín desapareciera, podría reconstruirse desde sus páginas.