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Ínsula Singularia

Obra analizada

Cumbres borrascosas

Título original: Wuthering Heights

de Emily Bronte

1847novela99.459 palabras analizadas

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Resumen de la obra

En 1801, el señor Lockwood alquila la Granja de los Tordos, en los páramos de Yorkshire, y visita a su casero en la finca vecina: Cumbres Borrascosas. Allí encuentra un hogar helado y hostil presidido por Heathcliff, un hombre sombrío de modales feroces. Una noche de tormenta, obligado a dormir en la casa, Lockwood sueña —¿o no sueña?— con el fantasma de una niña que golpea la ventana pidiendo entrar: Catherine. Intrigado, pide a la ama de llaves, Nelly Dean, que le cuente la historia de la casa. El relato de Nelly, testigo de todo durante dos generaciones, es la novela.

El argumento

Décadas atrás, el señor Earnshaw volvió de Liverpool con un niño huérfano y moreno al que llamó Heathcliff y crio con sus hijos. Hindley, el primogénito, lo odió desde el primer día; Catherine, la hija, se convirtió en su alma gemela: dos criaturas salvajes criadas a la intemperie del páramo. Muerto el padre, Hindley degrada a Heathcliff a la condición de criado. La fractura llega cuando Catherine, herida en una escapada a la Granja de los Tordos, pasa unas semanas con los refinados Linton y regresa convertida en señorita. Acabará aceptando casarse con Edgar Linton mientras confiesa a Nelly, en la escena axial del libro, que ama a Heathcliff con un amor de otra naturaleza: «Yo soy Heathcliff». Heathcliff, que solo ha oído la primera parte de la confesión —casarse con él la degradaría—, desaparece esa noche.

Vuelve tres años después, enriquecido y transformado en instrumento de una venganza metódica. Arruina a Hindley y se queda con Cumbres Borrascosas; se casa por despecho con Isabella Linton, a la que maltrata; y su reencuentro con Catherine, embarazada y enferma, precipita la muerte de ella tras dar a luz a una niña. La imprecación de Heathcliff ante su muerte define el temple de la novela: le pide que lo persiga como fantasma, que no lo deje solo «en este abismo donde no puedo encontrarte».

La segunda mitad extiende la venganza a la generación siguiente: Heathcliff embrutece deliberadamente a Hareton, el hijo de Hindley, y fuerza el matrimonio de la joven Cathy Linton con su propio hijo, el enfermizo Linton Heathcliff, para apoderarse también de la Granja. Pero la venganza consumada se le deshace en las manos: cuando el amor entre Cathy viuda y Hareton empieza a rehacer lo que él destruyó, Heathcliff pierde la voluntad de seguir. Muere extrañamente feliz, asomado a la ventana abierta, y los aldeanos juran ver dos fantasmas caminando por el páramo. Lockwood, ante las tres tumbas, cierra el libro preguntándose quién podría imaginar sueños desapacibles para los que duermen en esa tierra tranquila.

Temas y sentido

Única novela de Emily Brontë, publicada bajo el seudónimo de Ellis Bell, Cumbres borrascosas es un artefacto extraño en la narrativa victoriana: una historia de pasión que no se parece al amor romántico convencional —Catherine y Heathcliff no se desean tanto como se identifican, hasta la disolución de los límites del yo— y una estructura sofisticadísima de narradores encadenados que filtra lo salvaje a través de testigos convencionales. La novela opone dos mundos —la naturaleza indómita de las Cumbres y la civilización doméstica de la Granja— sin tomar partido del todo por ninguno, y trata la crueldad, el maltrato y la obsesión con una franqueza que escandalizó a sus contemporáneos. Su segunda generación, especular y correctora de la primera, cierra el conjunto con una simetría casi musical: el libro más violento del canon victoriano termina, contra todo pronóstico, en reconciliación.

Recepción y repercusión

Cumbres borrascosas se publicó en diciembre de 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell, en un volumen conjunto con Agnes Grey de Anne Brontë, y a rebufo del éxito inmediato de Jane Eyre, firmada por «Currer Bell» (Charlotte). La crítica victoriana quedó desconcertada y, en buena medida, escandalizada. Los reseñistas reconocían una fuerza inusual, pero condenaban la brutalidad del libro: se lo tachó de tosco, salvaje y moralmente repulsivo, y algún crítico llegó a preguntarse cómo un ser humano había podido escribir semejante historia sin suicidarse. La confusión sobre la identidad de los «hermanos Bell» —muchos creyeron que Ellis y Currer eran la misma persona, y que Cumbres era una obra primeriza del autor de Jane Eyre— acompañó la corta vida de Emily, que murió en diciembre de 1848, un año después de la publicación, sin conocer reconocimiento alguno.

La disculpa de Charlotte y la lenta revalorización

La segunda edición de 1850, preparada por Charlotte Brontë, marcó la recepción durante décadas: su prólogo revelaba la identidad y el sexo de la autora, y pedía disculpas a medias por el libro, presentando a su hermana como un genio inconsciente y rústico que había esculpido «con un cincel rudo» figuras «terribles y demoníacas». Esa imagen —la muchacha del páramo que escribió una obra salvaje sin saber lo que hacía— protegió a la novela pero también la condescendió, y tardó medio siglo en desmontarse.

El cambio de juicio llegó con el fin de la era victoriana. La crítica de finales del XIX y comienzos del XX empezó a leer la novela como una obra maestra construida, no como un accidente: se elogió la sofisticación de su doble marco narrativo y la coherencia de su visión. Virginia Woolf, en El lector común (1925), fijó la nueva altura del libro comparándolo favorablemente con Jane Eyre:

Cumbres borrascosas es un libro más difícil de entender que Jane Eyre, porque Emily era más poeta que Charlotte.

La consagración académica culminó a mediados del siglo XX: el influyente crítico F. R. Leavis, aun dejándola fuera de su «gran tradición» por inclasificable, la reconoció como una especie de milagro aislado, y desde entonces la novela figura de manera estable entre las mayores obras de la ficción inglesa, objeto de lecturas marxistas, psicoanalíticas, feministas y poscoloniales prácticamente inagotables.

Repercusión en la autora, su producción y su época

Emily Brontë no tuvo ocasión de escribir más: murió a los treinta años dejando una sola novela y un puñado de poemas que la crítica moderna considera de primer orden. La desproporción entre la brevedad de la obra y la magnitud del mito ha hecho el resto: la parca biografía de la autora —la vida encerrada en la rectoría de Haworth, los páramos, la muerte temprana de toda la fratría— se ha fundido con el libro en un relato romántico que alimenta biografías, películas y peregrinaciones literarias hasta hoy.

La posteridad popular de la novela es enorme. La adaptación de William Wyler de 1939, con Laurence Olivier como Heathcliff, fijó la historia en el imaginario cinematográfico —a costa de amputar la segunda generación—; Luis Buñuel la llevó a México en Abismos de pasión (1954); y la canción «Wuthering Heights» de Kate Bush (1978), número uno en Reino Unido, dio al mito una segunda vida pop. Catherine y Heathcliff se han convertido en el arquetipo occidental del amor destructivo, y la novela que la crítica de 1848 consideró demasiado brutal para ser leída es hoy lectura escolar en medio mundo: pocas revalorizaciones críticas han sido tan completas.

Fuentes

  1. «Cumbres Borrascosas», Wikipedia en español
  2. «Wuthering Heights», Wikipedia en inglés (recepción victoriana y revalorización)