Emily Brontë (Thornton, 1818 – Haworth, 1848) fue una novelista y poeta inglesa, autora de una sola novela, Cumbres borrascosas (1847), que bastó para situarla entre los grandes nombres de la literatura universal. Vivió treinta años, casi todos en la rectoría de Haworth, en los páramos de Yorkshire, y dejó tras de sí uno de los enigmas más fascinantes de la historia literaria: cómo una joven sin mundo aparente escribió el libro más violento y apasionado de la novela victoriana.
Fue la quinta de los seis hijos del reverendo Patrick Brontë. La muerte temprana de la madre y de las dos hermanas mayores dejó a los cuatro restantes —Charlotte, Branwell, Emily y Anne— criándose solos entre libros y páramos, inventando desde niños mundos imaginarios: el de Emily y Anne se llamó Gondal, un reino nórdico de pasiones y venganzas cuyas crónicas en verso ocuparon a Emily toda su vida y son el semillero evidente de Cumbres borrascosas. Los intentos de vida exterior fueron breves: maestra unos meses, estudiante en Bruselas con Charlotte en 1842, siempre regresó a Haworth, donde hacía el pan, cuidaba a los animales y caminaba por los páramos que son el verdadero protagonista de su obra.
En 1846, las tres hermanas publicaron a su costa un volumen de poemas bajo los seudónimos masculinos de Currer, Ellis y Acton Bell: vendió dos ejemplares, pero la crítica posterior considera los versos de Emily —«No coward soul is mine»— entre los mayores de la poesía inglesa del siglo. En 1847 llegaron las novelas: Jane Eyre de Charlotte triunfó de inmediato; Cumbres borrascosas, publicada en diciembre firmada por «Ellis Bell», desconcertó y escandalizó a los críticos por su brutalidad, y solo décadas después sería reconocida como obra maestra.
Emily no lo vio. Enfriada en el funeral de su hermano Branwell en septiembre de 1848, rechazó médicos y cuidados con la ferocidad que la caracterizaba y murió de tuberculosis el 19 de diciembre de 1848, a los 30 años. Su hermana Charlotte dejó el retrato canónico: más fuerte que un hombre, más simple que un niño. La posteridad ha hecho el resto: Catherine y Heathcliff son el arquetipo del amor destructivo, la crítica moderna —de Virginia Woolf en adelante— la considera la más poeta de las Brontë, y Haworth es hoy lugar de peregrinación mundial.
El estilo de Emily Brontë se define por una arquitectura narrativa compleja y enmarcada, donde la historia principal es filtrada a través de voces testigo —primero el forastero urbano Lockwood y luego la sirvienta Nelly Dean— cuya perspectiva limitada, subjetiva y a menudo moralizante crea una distancia irónica esencial. Esta estructura de relato dentro del relato permite explorar la verdad desde múltiples ángulos sesgados, generando una atmósfera de misterio y subjetividad profunda. El tono oscila incesantemente entre lo gótico y lo realista, impregnado de una melancolía sombría, una violenci…