Esta antología reúne la cuentística de Ambrose Bierce (1842-¿1914?), el escritor más feroz de la literatura norteamericana del XIX: veterano de la Guerra de Secesión, periodista temido en la prensa de Hearst como «Bitter Bierce» —Bierce el Amargo—, autor del Diccionario del diablo y de dos libros de cuentos que fundaron media docena de tradiciones antes de desaparecer, a los setenta y un años, en el México de la revolución, sin dejar rastro: la desaparición más célebre de la historia literaria americana.
Los cuentos de guerra
El núcleo de su obra son los relatos de la Guerra de Secesión, recogidos en Tales of Soldiers and Civilians (1891): Bierce fue soldado de verdad —combatió en Shiloh y Chickamauga, fue gravemente herido en la cabeza— y es el único escritor americano de primera fila que contó esa guerra desde dentro. Sus cuentos bélicos no tienen épica: tienen topografía, procedimiento militar y una ironía estructural que convierte cada relato en una trampa. El más famoso, «Un suceso en el puente sobre el río del Búho», narra la ejecución de un civil confederado: la cuerda se rompe, el hombre cae al río, escapa bajo las balas, camina toda la noche hasta su casa y, cuando va a abrazar a su mujer, el cuello se le quiebra: todo ha ocurrido en el instante de la caída, dentro de un cerebro a punto de morir. El truco del tiempo subjetivo y el final revelación, que este cuento perfeccionó para siempre, es una de las tecnologías narrativas más influyentes jamás inventadas.
A su alrededor, las demás piezas de guerra despliegan la misma lógica de cepo: el francotirador que descubre haber matado a su padre («Un jinete en el cielo»), el oficial que bombardea su propia casa con su familia dentro, el niño sordomudo que juega entre los moribundos de un campo de batalla («Chickamauga», quizá el relato antibélico más brutal del siglo XIX). La guerra de Bierce no ennoblece: tritura, y su prosa —seca, exacta, sin una gota de sentimentalismo— tritura con ella.
Los cuentos de fantasmas y lo extraño
El segundo hemisferio es lo sobrenatural, recogido sobre todo en Can Such Things Be? (1893): casas malditas, desapariciones inexplicables, muertos que no aceptan serlo, y una pieza fundacional del horror moderno, «El maldito ser» («The Damned Thing»), sobre una criatura invisible porque su color queda fuera del espectro humano: la idea que Lovecraft reconocería como antecedente directo de su horror cósmico. En Bierce lo sobrenatural nunca es gótico decorativo: es un agujero en la lógica del mundo, tratado con la misma frialdad de atestado que sus cuentos de guerra, lo que los vuelve doblemente inquietantes.
Sentido del conjunto
Leída como unidad, la cuentística de Bierce es un sistema: el universo como emboscada, la conciencia como víctima, la ironía como única dignidad posible. Entre Poe, del que desciende, y el cuento moderno del giro final, que engendró, Bierce ocupa el eslabón exacto; su influencia declarada llega de Lovecraft a Borges y Cortázar —sus traductores y devotos en español— y del cuento de guerra de Hemingway al episodio clásico de La dimensión desconocida que adaptó el puente del Búho. Esta antología da acceso, en español, al núcleo imprescindible de esa obra.