al estilo deFranz Kafka
Cuando Gregorio Samsa despertó una mañana de un sueño intranquilo, se encontró en su cama transformado en un monstruoso insecto. Esta circunstancia, ya de por sí considerable, había dejado de ser el centro de sus preocupaciones tras varias semanas de encierro, reemplazada por una resignación meticulosa y una atención obsesiva a los ritmos de la casa. Aquella tarde, sin embargo, algo distinto se cernía sobre la habitación. La luz del atardecer, que habitualmente se filtraba con parsimonia por la