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Ínsula Singularia

Obra analizada

Moby Dick

Título original: Moby-Dick; or, The Whale

de Herman Melville

1851novela240.101 palabras analizadas

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Resumen de la obra

«Llamadme Ismael». Con esa presentación —quizá la más famosa de la novela en lengua inglesa— un joven melancólico decide embarcarse en un ballenero para espantar la desesperanza. En la posada de New Bedford comparte cama con Queequeg, un arponero caníbal de los mares del Sur cubierto de tatuajes, y de esa alarma inicial nace una de las grandes amistades de la literatura. Juntos se enrolan en el Pequod, un barco de Nantucket adornado con huesos y dientes de ballena, cuyo capitán permanece invisible durante los primeros días de travesía.

El argumento

Cuando Ahab aparece por fin en cubierta, la novela encuentra su centro de gravedad. El capitán, con una pierna de marfil de cachalote, congrega a la tripulación en una escena de liturgia demoníaca: clava un doblón de oro al mástil como recompensa para quien aviste primero a Moby Dick, la ballena blanca que le arrancó la pierna, y arranca a sus hombres el juramento de perseguirla hasta matarla. El primer oficial, el cuáquero Starbuck, comprende antes que nadie la locura del propósito —el Pequod no navega para cazar ballenas, sino para ejecutar la venganza privada de un monomaníaco contra una bestia, o contra lo que la bestia representa— y será durante toda la travesía la única conciencia que se atreva a oponérsele, siempre en vano.

La persecución lleva al Pequod del Atlántico al Índico y al Pacífico, y Melville la puebla con una estructura deliberadamente desmesurada: a los capítulos narrativos se suman ensayos sobre cetología, disquisiciones sobre la blancura como color del terror, inventarios técnicos de la caza y del despiece, meditaciones filosóficas y capítulos escritos como teatro, con acotaciones y monólogos. Los encuentros con otros barcos —los «gams»— funcionan como estaciones proféticas: cada nave trae noticias de la ballena blanca y una advertencia que Ahab desoye, incluida la súplica del capitán del Rachel, que busca a su hijo perdido y a quien Ahab niega ayuda para no perder el rastro de su presa.

El final concentra en tres días toda la violencia contenida. Avistada Moby Dick, las lanchas la atacan tres veces; tres veces la ballena las destroza. Fedallah, el arponero parsi que hacía de oráculo del capitán, muere cumpliéndose sus propias profecías; el tercer día, Moby Dick embiste al Pequod y lo hunde con toda su tripulación, y Ahab, enredado en la cuerda de su propio arpón, es arrastrado al abismo tras la ballena. Solo Ismael sobrevive, flotando sobre el ataúd que Queequeg se había hecho construir, hasta que el Rachel, «que buscando a sus hijos perdidos, encontró a otro huérfano», lo rescata.

Temas y sentido

Moby Dick es una novela de aventuras balleneras y, dentro de ella, un tratado metafísico. La ballena blanca es el objeto interpretable por excelencia: el mal, Dios, la naturaleza indiferente, el límite del conocimiento humano; Ahab, la voluntad que prefiere destruirse a aceptar que ese límite exista. Melville, que había sido ballenero, fundió la experiencia documental con Shakespeare, la Biblia y el ensayismo romántico para crear un género de un solo ejemplar: la épica democrática americana, donde una tripulación de todas las razas del mundo rema junta hacia el desastre. El libro es también una celebración del trabajo y de la fraternidad —Ismael y Queequeg, la escena de los apretones de esperma de ballena— empotrada en una tragedia teológica. Ninguna otra novela del siglo XIX contiene tantos libros dentro de un solo libro.

Recepción y repercusión

La historia de la recepción de Moby Dick es el ejemplo canónico de fracaso contemporáneo y consagración póstuma. La novela apareció primero en Londres en octubre de 1851, como The Whale, en una edición mutilada: el editor británico suprimió pasajes considerados blasfemos u obscenos y, por un error fatal, omitió el epílogo en el que Ismael sobrevive. Varios críticos ingleses, lógicamente, reprocharon que una historia narrada en primera persona terminara con la muerte de todos, narrador incluido. La edición americana completa, ya con el título Moby-Dick; or, The Whale, llegó un mes después, lastrada por aquellas primeras reseñas.

El fracaso

La acogida fue dispar y, en conjunto, ruinosa. Hubo críticos que percibieron la potencia del libro, pero dominaron los reproches: extravagancia, desorden, mezcla ilegible de aventura y metafísica, irreverencia religiosa. Las cifras lo dicen todo: la novela vendió en vida de Melville poco más de tres mil ejemplares, y le rindió en total unos 1.260 dólares. El fracaso, agravado por el de Pierre al año siguiente, acabó con su carrera de novelista: Melville se hundió en el olvido literario, terminó trabajando diecinueve años como inspector de aduanas en el puerto de Nueva York y murió en 1891 tan olvidado que algún obituario erró su nombre. Billy Budd, su última obra maestra, quedó inédita en un cajón.

El «Melville Revival»

La resurrección llegó con el centenario del nacimiento del autor, en 1919. Críticos y escritores británicos y americanos —el llamado «Melville Revival», con Raymond Weaver, autor de la primera biografía (1921), y la publicación póstuma de Billy Budd (1924)— releyeron Moby Dick como la gran novela que su siglo no había sabido ver. D. H. Lawrence, en sus Estudios sobre literatura clásica americana (1923), la llamó «el mayor libro sobre el mar jamás escrito». En pocos años el juicio se invirtió por completo: la academia estadounidense, en pleno proceso de construcción de su canon nacional, situó la novela en el centro exacto; el crítico F. O. Matthiessen la consagró en American Renaissance (1941) como cima de la literatura de su país, y desde entonces figura de manera casi automática en cualquier lista de las mayores novelas jamás escritas. Faulkner dijo que era el libro que le habría gustado escribir; Borges tradujo a Melville y lo celebró como uno de los grandes.

Es el mayor libro sobre el mar jamás escrito. — D. H. Lawrence

Repercusión en el autor, su producción y su época

Para Melville, el precio fue su carrera. Moby Dick marcó el punto exacto en que dejó de ser el popular autor de aventuras de los mares del Sur (Typee, Omoo) para convertirse en un escritor «difícil» al que el público abandonó; sus cartas a Hawthorne —a quien dedicó la novela— documentan la euforia creativa y la amargura de la incomprensión: «He escrito un libro malvado y me siento inmaculado como un cordero». Tras el fracaso se refugió en la poesía, que publicó en ediciones mínimas, y en el silencio.

La repercusión póstuma, en cambio, es incalculable. Ahab y la ballena blanca son metáforas universales de la obsesión autodestructiva, citadas en la política, la ciencia y la cultura popular; la novela ha generado adaptaciones constantes —la película de John Huston de 1956 con guion de Ray Bradbury, óperas, cómics, hasta el nombre de la cadena Starbucks, tomado del primer oficial del Pequod— y una industria académica propia. El libro que su época rechazó define hoy, para el resto del mundo, lo que la novela americana puede llegar a ser.

Fuentes

  1. «Moby-Dick», Wikipedia en español
  2. «Moby-Dick», Wikipedia en inglés (fracaso comercial y Melville Revival)